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Mientras el mundo acelera la carrera por minerales críticos, baterías y nuevas fuentes de energía, el Gobierno argentino decidió subir la apuesta. El denominado “Súper RIGI” busca algo más ambicioso que atraer inversiones. Apunta a convertir al litio, el GNL, el hidrógeno y la energía nuclear en motores de industrialización. Además, busca la generación de dólares para una economía que necesita divisas de manera urgente.
La iniciativa, que ampliará los beneficios previstos originalmente en el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), apunta a sectores considerados estratégicos para la transición energética global. También es clave para el nuevo mapa geopolítico de recursos naturales.
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Según explicaron desde el Ejecutivo, el nuevo esquema buscará acelerar proyectos vinculados a energía, minería, petroquímica, transición energética y manufactura avanzada. Además, tiene la intención de avanzar hacia cadenas de valor que hoy prácticamente no existen en Argentina.
Súper RIGI: del litio a los reactores nucleares
El nuevo régimen contempla beneficios especiales para proyectos relacionados con la cadena de valor del litio y la fabricación local de baterías. También prevé incentivos para producción de hidrógeno verde o de bajas emisiones, plantas de GNL onshore y reactores nucleares modulares pequeños, conocidos como SMR.
La lista también incorpora iniciativas vinculadas a paneles solares, turbinas eólicas, vehículos eléctricos, nuevos desarrollos petroquímicos, uranio, fertilizantes, industria aeroespacial y procesamiento industrial pesquero.
Detrás de la iniciativa aparece una lógica que el Gobierno repite cada vez con más frecuencia. La Argentina no quiere limitarse a exportar recursos naturales sin transformación industrial. Por eso, la idea oficial es avanzar hacia proyectos con mayor complejidad tecnológica y más agregado de valor local.
En ese escenario, sectores como YPF, Vaca Muerta, el litio y el cobre siguen ocupando un lugar central dentro de la estrategia económica oficial. Esto es especialmente relevante en un contexto donde la transición energética global multiplicó el interés por minerales críticos y nuevas fuentes energéticas.
Beneficios fiscales más agresivos
El “Súper RIGI” incorpora ventajas fiscales y aduaneras superiores a las previstas en el esquema original. Uno de los principales cambios será la reducción de la alícuota de Ganancias al 15%, frente al 25% contemplado actualmente en el régimen vigente.
Además, se implementará un esquema de amortización acelerada que permitirá deducir el 60% de la inversión durante el primer año. También se podrá deducir el 20% en cada uno de los dos años siguientes. Es una herramienta pensada para acelerar desembolsos multimillonarios en sectores que requieren horizontes de largo plazo.
En materia aduanera, el nuevo régimen otorgará exención inmediata de derechos de exportación. Mientras tanto, en el RIGI tradicional ese beneficio recién comenzaba a aplicarse a partir del tercer año.
También se ampliará la exención de aranceles para importaciones vinculadas a maquinaria, bienes de capital y equipamiento estratégico necesario para la puesta en marcha de los proyectos.
La tensión con provincias y municipios
El nuevo esquema también abre un frente político sensible con provincias y municipios. Para adherir al “Súper RIGI”, las jurisdicciones deberán aceptar límites sobre Ingresos Brutos y tasas municipales. Este punto ya genera ruido en distritos donde la minería y la energía representan una parte importante de la recaudación.
Según informó el Gobierno, las provincias adheridas deberán garantizar una alícuota de Ingresos Brutos inferior al 0,5%. Además, las tasas municipales no podrán calcularse en función de las ventas de las compañías.
La discusión aparece en medio de crecientes tensiones entre Nación, gobernadores y municipios por la carga tributaria aplicada sobre proyectos energéticos y mineros. Esto ocurre especialmente en provincias que buscan aprovechar el boom del litio, el cobre y Vaca Muerta sin resignar recursos fiscales propios.
En paralelo, vuelve a instalarse una discusión histórica en Argentina. El debate es quién controla efectivamente los recursos naturales y cuánto margen conservarán las provincias frente a inversiones consideradas estratégicas para la generación futura de exportaciones y divisas.
El objetivo: transformar recursos naturales en dólares
Desde el Ejecutivo consideran que sectores como el litio, el GNL, el cobre y la energía nuclear pueden convertirse en motores estructurales de exportación durante la próxima década. Esto ocurre en un mundo donde la transición energética acelera la demanda de baterías, electrificación, minerales críticos y nuevas tecnologías energéticas.
El problema es que Argentina arrastra una dificultad histórica. Posee recursos estratégicos, pero suele exportar materias primas mientras importa productos industriales y tecnología con mayor valor agregado.
El “Súper RIGI” intenta modificar parte de esa lógica. Busca posicionar al país dentro de una carrera global donde la energía y los minerales críticos se transformaron en activos geopolíticos.
La incógnita de fondo sigue siendo la misma: si la Argentina logrará construir estabilidad política, seguridad jurídica e infraestructura suficiente para sostener inversiones multimillonarias. Dichas inversiones requieren décadas y no apenas un ciclo económico.

