La odisea del ningunismo

La odisea del ningunismo: ciudadanía, educación, confianza y futuro en Argentina
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Según dos estudios de la UBA, el 44% del electorado argentino está por fuera de los grandes polos políticos y el 42% no se identifica con ningún partido. ¿Desencanto o prudencia? Mientras la política lee con viejas herramientas a una ciudadanía que cambió, queda una evidencia: el futuro no se declama, se prepara. Y la confianza, como el talento, requiere tiempo.

Tiempo de lectura: 3 minutos I Destacada

Resumen

  • Elegir sin pertenecer. El 42% de los ciudadanos no se identifica con ningún partido político y otra medición ubica alrededor del 44% del electorado por fuera de los dos grandes polos. Adios polarización?
  • La paradoja. Argentina proyecta una inversión histórica de USD 51.000 millones en gas natural licuado (GNL), pero choca con la falta de profesionales para convertir esa oportunidad en desarrollo productivo.
  • El tiempo. La confianza y el talento comparten una condición incómoda para una época dominada por la inmediatez: ambos necesitan proceso.

La Odisea y el valor del proceso

En tiempos de TikTok y respuestas inmediatas, La Odisea propone casi tres horas de cine para acompañar y el público acompañó a sala llena, en tiempos de Netflix. Y en plena cultura de la inmediatez, el tiempo recupera valor.

Hay otro símbolo, no menor que asoma, Odiseo no llega a Ítaca por un atajo. Necesita estrategia y decisiones, pero también equivocaciones, pérdidas, dolor y aprendizaje. El destino importa; pero sin trampa. Y la lealtad se cosecha por medio de la confianza.

Todo ese condimento social y moral aparece en El ascenso del ningunismo. Una sociedad de pertenencias débiles, de Pulsar.UBA. El informe encuentra que el 42% no simpatiza ni se identifica con ningún partido o espacio político. Y registra algo más: la diferencia política pesa menos a la hora de ordenar los vínculos personales. Se puede pensar distinto y seguir siendo amigos, vecinos o pareja. Crecimos!

Tal vez no estemos sólo frente al desencanto. Quizás una ciudadanía que ya eligió, esperó, cambió y volvió a elegir se toma más tiempo antes de entregar confianza. Pide avales? Recuerda?

Elegir sin pertenecer

Otra investigación de la UBA llega por otro camino. Lo que viraliza no convence, elaborado desde la Diplomatura en Comunicación Política de la Facultad de Ciencias Sociales, analizó 4.406 casos, 52 spots de la campaña legislativa de 2025 y más de 15.000 interacciones.

Al ordenar ese electorado aparece otro dato: alrededor del 44% queda por fuera de los dos grandes polos políticos. No son todos ningunistas ni comparten las mismas razones, pero una enorme parte de la sociedad ya no cabe dentro del mapa con el que la política intenta explicarla.

El estudio agrega otra señal: lo que viraliza no necesariamente convence. Una pieza puede funcionar para el algoritmo sin modificar una decisión. La comunicación amplifica; la confianza se construye.

La política estudia al ciudadano, lo segmenta y mide qué lo atrae. Pero el ciudadano también aprendió: votó, esperó, comparó y cambió.

El capital llega antes que el talento

Esa tensión entre inmediatez y tiempo aparece también en la economía. Argentina proyecta USD 51.000 millones para producir y exportar gas natural licuado (GNL) a partir de Vaca Muerta. Es una oportunidad extraordinaria, pero choca con una pregunta menos espectacular: ¿tenemos a las personas preparadas para aprovecharla?

Faltan ingenieros, técnicos y trabajadores especializados. Ahí aparece la paradoja: el capital puede llegar antes que el talento.

Un ingeniero no empieza a formarse cuando llega la inversión. Su recorrido comenzó décadas antes: aprender a leer y comprender, terminar la secundaria y llegar a una universidad o formación técnica. Por eso la educación no es una agenda paralela al desarrollo: es la condición para que ocurra.

Los veinte años anteriores

El reciente análisis del Banco Mundial sobre el Plan Nacional de Alfabetización obliga a mirar hacia atrás. Aprender Alfabetización 2024 evaluó a más de 91.000 estudiantes de tercer grado de 4.178 escuelas. El diagnóstico que impulsó el plan era contundente: 46% no alcanzaba el nivel mínimo de comprensión lectora.

En la otra punta, el estudio del CBC de la UBA sobre jóvenes vulnerables mostró que seis de cada diez no terminaron la secundaria y casi 20% no estudia ni trabaja. Dentro de ese universo existe un núcleo que tampoco busca empleo: los triple ni-ni.

Durante años lo miramos como un drama social, y lo es. Hoy aparece otra dimensión: también condiciona la capacidad de aprovechar oportunidades productivas. La inversión puede aparecer en 2026; el profesional que necesita esa inversión comenzó a formarse veinte años antes. Llegamos tardísimo. Importamos talento o empezamos a producir en la escasa infancia que crece baja la desnutrida natalidad.

El futuro también necesita una Ítaca

El ningunismo puede contener desencanto, pero también aprendizaje: una ciudadanía menos dispuesta a entregar confianza por anticipado. Con el desarrollo ocurre algo parecido. El capital puede llegar rápido; el talento necesita una generación.

Por eso La Odisea no queda tan lejos. Odiseo no llega a Ítaca porque alguien se la promete. Llega después de atravesar el viaje. Y quizá allí esté la parte menos visible de cualquier proyecto de país: el destino importa, pero también todo lo que fuimos capaces de construir para alcanzarlo.

Argentina también necesita una Ítaca: un norte capaz de ordenar el esfuerzo, sostener políticas más allá de una elección y cuidar lo que llevó años construir. Esa quizá sea la épica menos ruidosa y más difícil: hacer hoy lo que recién dará resultado mañana y sostenerlo el tiempo suficiente para que ocurra.

El futuro no se espera. Se construye, se prepara y se cuida hasta convertirlo en destino. Como Odiseo, que el tiempo se convierta en épica, recordar para llegar.

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Por Sara Di Tomaso

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