«Un piso de tierra no es solo pobreza: es un riesgo de salud que nadie ve» | Tercer Tiempo News
Entrevistas / Tiempo de lectura: 4 minutos
Bárbara Bonelli, Directora Ejecutiva de Hábitat para la Humanidad Argentina, dialogó con Tercer Tiempo. La organización opera en Argentina desde 2002 y trabaja en una premisa concreta: la vivienda adecuada no es un lujo — es la condición mínima para que un niño se desarrolle, una madre esté tranquila y una familia pueda progresar. En esta entrevista habla de los 253.000 hogares con piso de tierra que afectan a 823.000 personas en el país, del dato que parte el corazón — los chicos con piso de tierra juegan dos horas menos por día — y de la alianza con Saint-Gobain en La Matanza.
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En Argentina hay 253.000 viviendas con pisos de tierra o ladrillo suelto. Eso afecta a 823.000 personas. La mayoría están en la provincia de Buenos Aires — a menos de una hora del obelisco.
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La vivienda como punto de partida
— TT ¿Qué hace Hábitat para la Humanidad en Argentina y cuál es su premisa central?
—BB Hábitat está desde el año 2002 en la Argentina. Tenemos equipos propios en la Ciudad de Buenos Aires, en La Matanza y en Bahía Blanca. Y tenemos una metodología que se llama Red Mejores Viviendas que nos permite llegar a muchos rincones del país — Misiones, Tucumán, Santiago del Estero, Trelew, Córdoba. Nuestra premisa es que la vivienda es un aspecto central en la vida de las personas. Hay organizaciones que trabajan sobre desnutrición infantil, sobre microcréditos, sobre emprendimientos, y reconocen que las familias tienen grandes necesidades habitacionales. Ahí entramos nosotros y articulamos con esas organizaciones.
Bonelli llegó a la organización en noviembre del año pasado. Pero la trayectoria de Hábitat en Argentina tiene 23 años. Lo que encontró al llegar, dice, fue una certeza: tener una vivienda adecuada no es solo tener cuatro paredes y un techo. Es la condición necesaria para que todo lo demás sea posible.
El piso de tierra que nadie mide
— TT ¿Por qué el foco en los pisos?
—BB El piso es un aspecto central en el buen desarrollo de una vivienda y particularmente en el desarrollo de las infancias. Cualquier persona que tenga un hijo sabe que los niños se pasan todo el tiempo en el piso — para desarrollarse, para jugar, para aprender a caminar, a gatear. Y si ese piso es de tierra, se enfrentan constantemente a riesgos: enfermedades parasitarias, enfermedades dérmicas, problemas respiratorios. El piso de tierra facilita el paso de la humedad y supone que cualquier madre que quiere cuidar a su hijo no lo puede poner ahí — lo tiene que tener en brazos todo el tiempo, en un espacio reducido que hace que ese niño no se desarrolle.
— TT ¿Cuánto es el impacto concreto?
—BB Hábitat para la Humanidad hizo una medición que establece que los niños con pisos adecuados juegan dos horas por día más que los que viven en pisos de tierra. Y de ahí que nosotros, con motivo del Día de las Infancias, hacemos la campaña para concientizar y pedirles a las empresas y los donantes que apoyen para que esos pisos de tierra se conviertan en pisos de cemento. No estamos hablando del año 1854. Estamos hablando del año 2026.
El dato golpea en la cara. En Argentina hay 253.000 viviendas con pisos de tierra o ladrillo suelto. Eso afecta a 823.000 personas. La mayoría no está en Formosa ni en Ushuaia — está en el área metropolitana de Buenos Aires, a menos de una hora del kilómetro cero.
La Matanza está muy cerquita del obelisco
— TT ¿Dónde se concentra más el problema?
—BB Hay un gran porcentaje en la provincia de Buenos Aires. En La Matanza hay una concentración muy alta de viviendas con pisos de tierra. No hace falta irse a Formosa o a Santiago del Estero. La Matanza está a menos de una hora del kilómetro cero.
Esa distancia física — y la distancia simbólica que la separa de la agenda pública — es exactamente lo que Hábitat trabaja para reducir. No construye viviendas nuevas. Mejora las que ya existen: las que las propias familias fueron autoconstruyendo y que necesitan ese paso definitivo para ser habitables.
La alianza con Saint-Gobain: revoques que cambian vidas
— TT ¿Cómo fue el trabajo conjunto con Saint-Gobain en La Matanza?
—BB Saint-Gobain es un aliado de muchos años de Hábitat para la Humanidad. En este caso trabajamos en la zona oeste — barrios de Gregorio de Laferrere, González Catán y Virrey del Pino — en lo que tiene que ver con los revoques. Los revoques también tienen un impacto enorme en las condiciones de habitabilidad. Tener un revoque externo permite aislar la vivienda, evitar que ingrese la humedad, el frío. Lo que se hizo fue capacitar a un grupo de familias que recibieron kits con el producto para hacer el revoque, y de esa manera se les enseñó cómo hacerlo correctamente. Es una metodología que busca que las propias familias aprendan — que no solo reciban, sino que puedan seguir haciéndolo solas.
El modelo tiene nombre: Huellas Saint-Gobain. Y tiene un principio que Bonelli comparte: el apoyo más sostenible es el que genera autonomía.
El desafío que viene
Es necesario pensar que 823.000 personas en Argentina viven con piso de tierra. El número es enorme. Pero Bonelli no habla de él con resignación — lo usa como argumento para la acción. Cada empresa que se alía, cada donante que suma, cada familia que aprende a revocar su propia pared es un paso concreto hacia un número más chico. En un país que mide la pobreza en forma multidimensional, la vivienda es la dimensión que más impacta en todo lo demás.

