A cada geografía, su moral

Meta, casinos virtuales y responsabilidad de la industria del juego
Compartí esta nota

Meta, bajo la lupa en Estados Unidos: acuerda pagar hasta USD 17 mil millones y cambios en sus plataformas de Facebook, e Instagram por el impacto en la salud mental de niños y adolescentes. Mientras viajamos al Sur, la moral desparece ante la industria del juego que se instaló en celulares, billeteras virtuales, fútbol y transmisiones. Conocemos el riesgo, lo advertimos y, sin embargo, lo naturalizamos. ¿Será la industria del juego más fuerte que Meta?

Destacada I Tiempo de lectura: 3 minutos

Resumen
  • La vara cambia. Mientras en Estados Unidos Meta enfrenta hasta USD 17 mil millones y cambios en sus plataformas por demandas vinculadas con el impacto en la salud mental de niños y adolescentes, hacia el Sur la exigencia se desvanece.
  • El juego se volvió paisaje. Celulares, billeteras virtuales, fútbol, camisetas, transmisiones, influencers, deportistas y celebridades convirtieron las apuestas en un entretenimiento de riesgo que se volvió cotidiano.
  • El solo +18 advierte. La discusión urgente es a la industria legal del juego, su publicidad y a quienes prestan imagen y confianza para promoverla. ¿Será la industria del juego la moral de los paises pobres?

Meta abre una puerta incómoda?

La cifra impacta: hasta USD 17.100 millones. Pero quizás lo más importante del acuerdo alcanzado por Meta en Estados Unidos no sea solamente cuánto deberá pagar.

La compañía también tendrá que modificar parte del funcionamiento de Facebook e Instagram para los menores, con límites de uso, restricciones nocturnas, menos notificaciones en determinados horarios y mayores controles de edad.

El acuerdo todavía requiere aprobación judicial y Meta no admite responsabilidad. Sin embargo, deja instalada una idea que puede trascender largamente a las redes sociales: cuando los riesgos asociados a un producto ya están sobre la mesa, advertir puede dejar de ser suficiente.

Según la Fiscalía General de Nueva York, las reformas incluyen restricciones específicas para las cuentas de menores de edad.

El Mundial terminó. La consecuencia quedó

La noticia es casi una asociación libre con Argentina pero sus instituciones fingen demencia. El poder económico de la Industria del juego es casi seductor. Lo cierto es que durante el Mundial contamos en Tercer Tiempo que 8 de cada 10 adolescentes accedieron o conocen a alguien que apostó online. El mismo relevamiento mostró que el 75% vio publicidad o contenidos vinculados con apuestas y que 8 de cada 10 consideran que las medidas para impedir el acceso de menores no funcionan.

El Mundial terminó, pero las apuestas quedaron integradas al fútbol, las redes y el entretenimiento. Y pocos días después apareció una historia en el propio ecosistema del fútbol, capaz de transformar aquellos números en una persona. Y para entender lo que implica la Ludopatía en una persona.

“Perdí todo”

El futbolista argentino Jonatan Gómez contó públicamente su lucha contra la ludopatía y resumió su experiencia en dos palabras: “Perdí todo”. No hablaba solamente de dinero. Describió cómo las apuestas terminaron afectando su economía, su familia y su carrera profesional.

Su historia estuvo vinculada con apuestas clandestinas y enmarcar la historia desde la ilegalidad es una trampa. Combatir las plataformas ilegales es indispensable. Pero el fenómeno obliga a mirar también qué ocurre con el mercado legal, regulado y publicitado que convive todos los días con el fútbol y el entretenimiento y es más pensado y estratégico.

Cuando las apuestas parecen entretenimiento

Las empresas de apuestas no llegan al público solamente a través de una aplicación. Llegan con clubes, partidos, promociones, influencers y algunas de las figuras más reconocidas del espectáculo.

Susana Giménez se convirtió en embajadora de bplay para su casino online. Zaira Nara participa de campañas de Betsson vinculadas al fútbol.

Eso no convierte a una celebridad en responsable individual de que una persona desarrolle ludopatía. Pero tampoco vuelve neutral su participación. Una cara conocida presta algo mucho más valioso que su imagen: presta confianza. Acerca la marca, la vuelve familiar y contribuye a presentar una apuesta como diversión.

Ahí aparece una discusión sobre corresponsabilidad: qué lugar ocupan quienes prestan su imagen y credibilidad para invitar a participar de un negocio cuyos riesgos ya son conocidos.

¿La moral es fungible según la sociedad?

El caso Meta ocurrió en Estados Unidos, y esa geografía importa para evidenciar el valor o peso de las Instituciones. Y vale el ejemplo porque una empresa extraordinariamente poderosa puede enfrentar un sistema judicial e institucional capaz de obligarla a responder y modificar aquello que hace, si el daño es premeditado.

Y es aqui que aparece una pregunta más incómoda: ¿la moral es fungible según la sociedad en la que una empresa opera? ¿Un mismo riesgo merece respuestas distintas según la fortaleza de las instituciones, el poder económico de la industria o la capacidad social para imponerle límites?

Abrirse al mundo también debería significar eso. Argentina busca inversiones, empresas globales y reglas capaces de atraer negocios. Pero importar estándares del mundo desarrollado no puede consistir solamente en garantizar las condiciones para que los negocios entren. También debería implicar exigirles responsabilidades cuando sus consecuencias sociales lo requieren.

La asimetría detrás del negocio

La industria del juego conoce desde hace décadas cómo prolongar la permanencia. El casino fue diseñado para retener. El celular eliminó la puerta de entrada física, pero aportó confort para hacerlo desde un baño. Hoy la apuesta viaja en el bolsillo, florece en el fútbol, se plasma en una camiseta, la promociona un ícono de los ´70 y una influencer en el Mundial, y te alivia la primera apuesta con un préstamo.

Y entonces la asimetría deja de ser una abstracción. De un lado hay capital, tecnología, publicidad, conocimiento sobre el comportamiento, sponsors, clubes y figuras admiradas. Del otro puede haber un adolescente solo frente a una pantalla.

Por eso el problema ya no es solamente distinguir el juego legal del ilegal. Es preguntarnos si estamos protegiendo realmente a las personas o si apenas construimos una fachada de responsabilidad para que el negocio continúe detrás de ella. Cuando la advertencia cumple con la norma pero el resto del dispositivo comercial seduce, normaliza y retiene, la moral corre el riesgo de convertirse en una formalidad.

Y ahí vuelve la geografía. En sociedades con instituciones más débiles y ciudadanos más vulnerables, el poder económico puede terminar teniendo más capacidad para definir el límite que las instituciones encargadas de imponerlo. No porque todo se compre, sino porque quien tiene la billetera más grande también tiene más recursos para instalar su mensaje, defender sus intereses y discutir cada centímetro de regulación.

Entonces sí: la moral puede volverse fungible. Cambiar de valor según dónde habita y, sobre todo, según cuánto poder tiene enfrente quien debería hacerla cumplir.

Por Sara Di Tomaso

Leer también:
Los números que nadie quiere ver mientras Argentina juega el Mundial
Meta ante la Justicia: ¿cuándo les tocará a las empresas de apuestas?
Ludopatía, apuestas y publicidad: el debate que llegó al Senado

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio