Este 10 de septiembre, Día Mundial para la Prevención del Suicidio, hablar es urgente y necesario. Durante años los medios aprendimos que era mejor callar; hoy sabemos que también podemos prevenir desde la palabra. Los datos argentinos, la experiencia que dejó 13 Reasons Why y las nuevas recomendaciones para comunicar obligan a revisar aquel viejo silencio.
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Resumen
- Desde abril de 2023 hasta octubre de 2025 se notificaron en Argentina 22.249 eventos vinculados a intentos de suicidio.
- Las tasas más altas se registraron entre los 15 y 19 años, con 124 casos cada 100.000 habitantes, y entre los 20 y 24, con 114 cada 100.000.
- Durante años se creyó que el silencio protegía. Hoy la evidencia distingue entre una comunicación que puede favorecer la imitación y otra que puede acompañar, orientar y contribuir a la prevención.
Prevenir es Hablar
Cada 10 de septiembre el mundo vuelve a ponerle nombre a una problemática que durante demasiado tiempo estuvo rodeada de silencios, prejuicios y miedo. El Día Mundial para la Prevención del Suicidio no propone hablar por hablar: invita a comprender que la prevención también empieza cuando alguien puede decir lo que le pasa y encuentra del otro lado a alguien dispuesto a escuchar.
Para el periodismo, esa conversación supone además revisar una regla que atravesó durante décadas redacciones, radios y canales de televisión: del suicidio era mejor no hablar. Se suponía que nombrarlo, contar una muerte o convertirla en noticia podía producir un efecto de imitación en personas vulnerables. El silencio terminó funcionando como una forma de cuidado.
Pero mientras los medios callaban, el sufrimiento no desaparecía. Tampoco desaparecían las familias que no sabían cómo pedir ayuda, los adolescentes que no encontraban palabras para explicar lo que les pasaba ni quienes atravesaban una crisis prácticamente en soledad.
La serie que obligó a hablar
En 2017, 13 Reasons Why puso el suicidio adolescente frente a millones de jóvenes y adultos. La serie habló de bullying, abuso, violencia, soledad y dificultad para pedir ayuda, y provocó una conversación global que rápidamente salió de las pantallas para llegar a las familias, las escuelas, los medios y los especialistas.
También abrió una discusión incómoda. Investigaciones posteriores encontraron asociaciones entre su estreno y variaciones en las tasas de suicidio juvenil en Estados Unidos, aunque esos estudios no permitieron establecer que la serie hubiera causado esas muertes. El caso terminó mostrando algo bastante más complejo: entre callar un problema y exhibirlo sin cuidados existe un territorio enorme llamado comunicación.
De Werther a Papageno
La relación entre las historias que contamos y aquello que pueden producir en personas vulnerables tiene incluso dos nombres. El efecto Werther (llamado así por el protagonista de la novela de Goethe Las penas del joven Werther, cuya muerte por suicidio fue asociada posteriormente con conductas de imitación entre algunos lectores) describe el posible efecto imitativo de determinadas representaciones del suicidio, especialmente cuando existe identificación, idealización o una exposición innecesaria de detalles.
Pero existe también el movimiento contrario. El efecto Papageno ((llamado así por el personaje de La flauta mágica, de Mozart, quien atraviesa una crisis, piensa en morir, pero encuentra ayuda y descubre otras alternativas) señala el potencial protector de relatos que muestran alternativas, acompañamiento, recuperación y personas que lograron atravesar una crisis. La diferencia entre ambos conceptos modificó buena parte de la conversación contemporánea: ya no se trata solamente de aquello que no deberíamos contar, sino también de aquello que una historia puede aportar.
El periodismo también aprendió a hablar
Ese cambio apareció con enorme claridad en un reciente taller sobre cobertura ética del suicidio organizado por FOPEA. En la apertura se recordó que hace veinte años, cuando muchos periodistas comenzaban a trabajar, se les decía directamente que la palabra suicidio no se mencionaba y que esos casos no debían tener cobertura. Con el tiempo, aquella mirada comenzó a cambiar junto con la sociedad y con una comprensión diferente de la responsabilidad social de los medios: hablar con rigor, responsabilidad y empatía.
Eso no significa contarlo todo. Las recomendaciones actuales proponen no describir métodos ni escenas, evitar la romantización, preservar la intimidad, no buscar culpables y, sobre todo, no reducir una muerte a una única explicación. El suicidio es un fenómeno complejo y multifactorial: una separación, el bullying, una dificultad económica o un conflicto familiar pueden formar parte de una historia, pero convertir cualquiera de ellos en “la causa” puede construir una explicación tan tranquilizadora como equivocada.
Al mismo tiempo, FOPEA plantea algo que rompe definitivamente con aquella vieja cultura del silencio: contextualizar, utilizar fuentes confiables, hablar de prevención y hacer visibles las posibilidades de asistencia.
Los números que obligan a mirar
Argentina cuenta ahora con una herramienta que durante mucho tiempo faltó. Desde abril de 2023 los intentos de suicidio forman parte de los eventos de notificación obligatoria del Sistema Nacional de Vigilancia de la Salud. Entre abril de ese año y octubre de 2025 fueron notificados 22.249 eventos.
Las tasas más elevadas aparecen entre adolescentes y adultos jóvenes. Entre los 15 y 19 años alcanzaron los 124 casos cada 100.000 habitantes y entre los 20 y 24 años, 114 cada 100.000. Las mujeres concentraron el 61% de los eventos registrados, aunque la letalidad fue cinco veces mayor entre los varones.
Los números necesitan, sin embargo, una lectura cuidadosa. El propio Ministerio de Salud advierte que el sistema de vigilancia todavía se encuentra en proceso de consolidación y que el crecimiento de las notificaciones puede responder a la incorporación de nuevas jurisdicciones y establecimientos. Que hoy podamos registrar más no significa necesariamente que estén ocurriendo más casos.
Lo que sí significa es que empezamos a mirar con información una realidad que durante años permaneció subregistrada. Y los datos vuelven a colocar a adolescentes y jóvenes en un lugar que no podemos ignorar.
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Hablar también es escuchar
El problema excede al suicidio y obliga a mirar la salud mental. El Observatorio de la Deuda Social de la UCA ya había advertido sobre el crecimiento del malestar psicológico en Argentina y, especialmente, sobre las enormes desigualdades para acceder a tratamiento. Porque ninguna estadística, ninguna campaña y tampoco ninguna noticia reemplazan a una red capaz de sostener a alguien cuando la necesita.
Una familia que escucha, una escuela que advierte un cambio, un amigo que decide no minimizar una frase, un profesional disponible, un sistema de salud al que efectivamente se puede acceder y también un medio que comprende que detrás de cada noticia existen otras personas leyendo pueden formar parte de esa red.
Las palabras también pueden acompañar
Durante demasiado tiempo creímos que cuidar era callar. Después aprendimos que algunas maneras de contar también podían lastimar. Hoy empezamos a comprender algo más difícil: hay palabras que pueden acompañar, historias que pueden mostrar una alternativa y conversaciones que pueden permitir que alguien diga que no está bien antes de quedarse solo con aquello que le pasa.
13 Reasons Why abrió hace casi una década una conversación incómoda entre adolescentes y adultos. No resolvió el problema y tampoco podía hacerlo. Pero dejó expuesta una pregunta que todavía nos acompaña: qué hacemos con aquello que duele cuando finalmente decidimos nombrarlo.
Entre el silencio y el espectáculo existe algo mucho más humano: aprender a escucharnos, encontrar las palabras y dejar abierta una puerta para pedir ayuda.
Si vos o alguien cercano atraviesa una crisis o existe riesgo inmediato, no permanezcas solo y buscá ayuda. En Argentina, el Centro de Asistencia al Suicida atiende en el 135 en CABA y GBA y en el (11) 5275-1135 desde otras localidades.
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