El homenaje a Francisco que desbordó Plaza de Mayo y emocionó con música electrónica

legado del Papa Francisco en Plaza de Mayo con homenaje de música electrónica
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En una Argentina marcada por la confrontación y el desgaste social, Plaza de Mayo volvió a llenarse por algo distinto: un homenaje al Papa Francisco con música electrónica, miles de personas y una escena que descolocó. Sin banderías políticas ni consignas, el encuentro dejó algo más que una postal: volvió a poner en el centro un legado que incomoda. El evento fue encabezado por el sacerdote y DJ portugués Guilherme Peixoto, quien llevó su propuesta a uno de los espacios más simbólicos del país. No hubo estructura clásica ni formato religioso tradicional. Hubo música, imágenes, emoción y una convocatoria abierta que atravesó generaciones.

No fue una misa, fue una escena de época

La postal sorprendió. Un cura frente a una consola, pantallas encendidas y una plaza con miles de personas, en paz, sin consignas políticas poniendo en acto la palabra misericordia. Fue mas que una fiesta. Fue otra cosa.

En medio de beats electrónicos, lo que volvió a aparecer fue el mensaje de Francisco: la necesidad de bajar el tono, de no destruir al otro con la palabra y de no convertir cada diferencia en una guerra. En una sociedad donde el conflicto se volvió rutina, esa idea no suena lejana. Suena incómoda.

La elección del formato no fue casual. La música funcionó como puente. Corrió a la Iglesia del esquema tradicional y la acercó a una escena urbana, contemporánea y masiva. Y en ese cruce, el mensaje encontró otro alcance.

El legado del Papa Francisco sigue incomodando

Francisco no dejó un recuerdo cómodo. Y casi que merece un gran ejercicio humano: la comprensión. Dejó una advertencia. Insistió en la cultura del encuentro, en el valor de la palabra y en la necesidad de no alimentar el odio. En estos tiempos bélicos en lo discursivo y social, esa mirada no ordena. Interpela.

Por eso el homenaje no quedó reducido a una rareza. Lo que pasó en Plaza de Mayo tuvo otra dimensión: mostró que todavía existe una necesidad de encuentro que no pasa por la confrontación.

Sin escenario político, sin aparato y sin una convocatoria tradicional, miles de personas compartieron algo cada vez más raro: estar juntos sin enfrentarse.

La escena dejó una pregunta abierta: qué estamos haciendo con el legado que Francisco dejó que tenía a los vulnerables y los jóvenes en el centro de la escena, en un país que parece ir en otra dirección.

Porque a un año de su muerte, Francisco no quedó en la historia. Quedó en tensión con este presente y la sociedad lo validó.

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