“El etiquetado frontal fue ideológico”. La frase de la médica especialista en nutrición Mónica Katz volvió a abrir un debate incómodo sobre los octógonos negros, la alimentación y el verdadero impacto sanitario de la ley aprobada en Argentina en 2021. En diálogo con Tercer Tiempo Radio, Katz cuestionó el modelo argentino de etiquetado frontal, aseguró que “no mejoró ni la obesidad ni la diabetes” y pidió reformar el sistema incorporando educación alimentaria, información más clara y criterios nutricionales menos extremos.
Entrevistas Tiempo de lectura: 5 minutos
Leer también: El Gobierno busca flexibilizar el etiquetado frontal y devolver dibujos a los envases
“Los octógonos se entendieron, pero no cambiaron hábitos”
Durante la entrevista, Katz reconoció que el sistema de octógonos negros logró algo positivo: visibilizar la discusión sobre calidad alimentaria y facilitar la comprensión del consumidor.
“El negro es muerte, peligro. Entonces el consumidor lo entiende”, explicó.
Sin embargo, sostuvo que ese impacto visual no se tradujo en mejores indicadores sanitarios. “¿Cambió la obesidad? No. ¿La diabetes? Tampoco. Ni acá ni en Chile”, afirmó.
La especialista recordó además que Chile implementó el sistema en 2016 y que México lo adoptó recientemente, aunque continúa mostrando algunos de los peores índices de obesidad infantil de la región.
Nora completa
“El problema no es solamente el paquete del supermercado”
Uno de los principales cuestionamientos de Katz apunta a lo que considera una mirada parcial sobre la alimentación. Según explicó, la ley obliga a informar productos envasados, pero deja afuera una enorme parte del consumo cotidiano.
“Las pizzerías no informan calorías. Las empanadas tampoco. Las heladerías no tienen octógonos. El queso de feria no informa sodio ni grasas”, señaló durante la entrevista.
También cuestionó que el vino no tenga advertencias nutricionales visibles ni información calórica pese a su carga energética.
“El vino tiene siete calorías por gramo y no informa nada”, remarcó. Para Katz, el sistema terminó simplificando una discusión alimentaria mucho más compleja.
La crítica al modelo argentino
La nutricionista sostuvo que el esquema local castiga algunos productos saludables y no permite diferenciar contextos nutricionales.
Durante la entrevista puso como ejemplo el atún en lata, que recibe advertencias por sodio aunque también aporta proteínas y omega-3.
“Nada en nutrición es tan neto”, explicó.
Katz recordó además que distintos especialistas propusieron durante el debate parlamentario modelos más graduales y sistemas similares al europeo, que utilizan escalas de colores en lugar de advertencias categóricas.
Según detalló, también sugirieron incorporar códigos QR para informar productos no envasados y establecer mediciones cada 100 gramos, algo que finalmente no fue incorporado.
“Faltó educación alimentaria”
Otro de los ejes centrales de la entrevista estuvo vinculado a la falta de campañas de educación nutricional.
La especialista aseguró que Argentina cuenta desde 2016 con guías alimentarias oficiales, pero que nunca fueron comunicadas masivamente.
“Lo que no se hizo fue educar”, resumió.
Además, sostuvo que muchas veces las políticas públicas sobre alimentación terminan atravesadas por discusiones ideológicas y no exclusivamente científicas. “Lo que pasó antes fue pura ideología antiempresa”, afirmó.
El debate vuelve a escena
Las declaraciones de Katz aparecen en medio de la discusión que volvió a abrir el Gobierno nacional sobre la posibilidad de modificar o flexibilizar la ley de etiquetado frontal. La discusión ya excede los octógonos negros.
También involucra educación alimentaria, hábitos culturales, información nutricional, industria alimenticia y el rol del Estado frente al consumo.
“Los octógonos se entendieron. El problema es que eso no necesariamente cambió cómo comen los argentinos”, concluyó Katz.

