De Chiara a Agostina: qué cambió en 11 años de Ni Una Menos

Chiara Páez y Agostina Vega a 11 años de Ni Una Menos
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Chiara Páez tenía 14 años cuando su femicidio impulsó el nacimiento de Ni Una Menos. Once años después, el asesinato de Agostina Vega, también de 14 años, vuelve a conmover a la Argentina y deja una pregunta difícil: qué cambió, qué falta y por qué las respuestas siguen llegando tarde.

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El informe del Observatorio de Femicidios “Adriana Marisel Zambrano”, de La Casa del Encuentro, registró 3424 víctimas fatales por violencia de género entre el 3 de junio de 2015 y el 27 de mayo de 2026. Detrás de esos números aparece una deuda persistente: prevenir antes de contar otra muerte.

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Resumen
  1. Ni Una Menos cambió la conversación pública sobre la violencia de género en Argentina, pero los femicidios siguen mostrando fallas en la prevención, la protección y el acceso a la Justicia.
  2. De Chiara Páez a Agostina Vega, dos adolescentes de 14 años separadas por once años, vuelve una pregunta incómoda: qué señales no estamos escuchando a tiempo.

Dos adolescentes y una misma edad

El 3 de junio de 2015, la Argentina salió a la calle bajo una consigna que cambió para siempre la conversación pública: Ni Una Menos. El femicidio de Chiara Páez, una adolescente de 14 años asesinada en Santa Fe, fue el punto de quiebre de una demanda colectiva que ya no pudo volver atrás.

Once años después, el asesinato de Agostina Vega, también de 14 años, vuelve a estremecer al país. No son casos iguales. No deben leerse como una repetición automática. Pero los dos nombres exponen una misma herida: la dificultad de proteger a tiempo a niñas y adolescentes frente a situaciones de riesgo.

La pregunta no es si Ni Una Menos cambió algo. Cambió mucho. La pregunta es otra: si hoy hablamos más, sabemos más y tenemos más herramientas, ¿por qué tantas respuestas siguen llegando tarde?

Qué cambió y qué no cambió

Desde 2015, la violencia de género dejó de ser un tema privado. Se volvió agenda pública, política, judicial y mediática. Crecieron las denuncias, se ampliaron los debates y la sociedad empezó a nombrar violencias que antes permanecían naturalizadas.

También existen más herramientas institucionales. La Argentina cuenta con la Ley 26.485 de Protección Integral a las Mujeres, líneas de asistencia, protocolos de actuación y mecanismos de búsqueda urgente como Alerta Sofía, destinado a casos de niñas, niños y adolescentes desaparecidos en situación de alto riesgo.

Pero la persistencia de los femicidios muestra que tener leyes no alcanza. El problema aparece cuando esas herramientas no se activan a tiempo, cuando las denuncias se desestiman, cuando las señales se minimizan o cuando las familias quedan obligadas a insistir frente a un sistema que debería actuar de inmediato.

Los números de La Casa del Encuentro

El Observatorio de Femicidios “Adriana Marisel Zambrano”, coordinado por La Casa del Encuentro, contabilizó 3424 víctimas fatales por violencia de género entre el 3 de junio de 2015 y el 27 de mayo de 2026.

De ese total, 3073 fueron femicidios y femicidios vinculados de mujeres y niñas. El informe también registró 78 trans/travesticidios, 4 lesbicidios y 269 femicidios vinculados de varones adultos y niños.

La dimensión social de la violencia aparece en otro dato: 3840 hijas e hijos quedaron sin madre. De ellos, 2357 eran menores de edad. Según el relevamiento, en estos once años una mujer fue asesinada cada 30 horas y una hija o un hijo quedó sin madre cada 25 horas.

Hay además cifras que obligan a mirar la prevención. El informe indica que 436 víctimas habían realizado denuncias previas y que 188 femicidas tenían dictada una medida cautelar de prevención. Es decir, muchas veces hubo señales, antecedentes o intervenciones previas. Aun así, la protección no llegó.

Qué son las fallas de cuidado

La abogada María Fátima Silva propone mirar estas historias desde el concepto de “fallas de cuidado”. La idea permite pensar qué ocurre cuando se rompe la red que debería proteger a niñas, adolescentes y mujeres en situación de vulnerabilidad.

Las fallas de cuidado no señalan una sola responsabilidad. Muestran un ecosistema que puede fallar en distintos puntos: la familia, la escuela, la comunidad, los servicios de salud, las fuerzas de seguridad, la Justicia y el Estado.

Una falla de cuidado puede aparecer cuando una denuncia no se toma, cuando una búsqueda se demora, cuando una alerta se minimiza, cuando una institución no articula con otra o cuando una adolescente queda expuesta sin que nadie logre intervenir a tiempo.

El concepto es clave porque desplaza la mirada del hecho final hacia todo lo que ocurrió antes. Un femicidio no empieza el día del crimen. Antes suele haber señales, silencios, amenazas, vínculos violentos, ausencias institucionales o respuestas insuficientes.

La muerte no baja si la prevención llega tarde

La Casa del Encuentro advirtió que la negación del género como categoría de análisis, el incumplimiento de leyes, la desfinanciación de políticas públicas y la falta de acceso a la Justicia colocan a mujeres, niñas, niños y diversidades en una situación de riesgo permanente.

“Las leyes se hicieron para cumplirlas”, señaló la organización en su informe a 11 años de Ni Una Menos, donde reclamó un trabajo articulado, multidisciplinario y federal para prevenir y erradicar las violencias por razones de género.

La pregunta no es si Ni Una Menos cambió algo. Cambió mucho. El verdadero desafío es otro: si hoy hablamos más, sabemos más y tenemos más herramientas, ¿por qué tantas respuestas siguen llegando tarde?

La pregunta que sigue abierta

De Chiara a Agostina pasaron once años. En ese tiempo cambió el lenguaje, cambió la conversación pública y cambiaron muchas formas de mirar la violencia de género.

Pero la atrocidad no desapareció. La muerte sigue rondando cuando la prevención falla, cuando las instituciones llegan tarde y cuando los cuidados no se sostienen como una red real.

Ni Una Menos no fue solo una consigna. Fue un límite social. Once años después, el desafío es convertir ese límite en protección efectiva. Escuchar antes. Buscar antes. Actuar antes. Cuidar antes. La pregunta sigue abierta: ¿cuántas señales más hacen falta para llegar a tiempo?

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