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“Adolescencia”, la miniserie británica de Netflix estrenada en marzo de 2025, puso el bullying y la ausencia adulta en el centro de una conversación que en Argentina se volvió masiva. Casi un año después, esa discusión dejó de ser cultural: el Senado aprobó la baja de imputabilidad a 14 años. La pregunta no es solo qué edad fija la ley. La pregunta es qué sistema construye el Estado antes y después de esa edad.
Nota original (25/03/2025): Adolescencia y bullying en las aulas
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La serie no “explica” un crimen: expone un clima. El acoso escolar, la crueldad cotidiana, el aislamiento y la dificultad de los adultos para leer lo que está pasando hasta que ya es tarde. En ese espejo incómodo, la responsabilidad no queda reducida al adolescente. Se reparte entre escuela, familia, entorno y Estado.
Ese es el punto más filoso del cruce entre ficción y política pública: una ley puede cambiar una edad, pero no cambia por sí sola la trama que empuja a muchos chicos a la violencia, ni las condiciones materiales y afectivas que la vuelven posible.
Qué pasa en el mundo?
Inglaterra y Gales: la responsabilidad penal empieza a los 10 años. Fuente oficial
Argentina (2026): el Senado aprobó bajar la imputabilidad a 14 en un nuevo régimen juvenil. Contexto de la sanción
La discusión de fondo: no es solo edad. Es capacidad institucional: prevención, salud mental, escuela, equipos técnicos e intervención temprana.
En el Reino Unido, la edad penal baja convive con un debate permanente sobre eficacia, reincidencia y daño institucional. En Argentina, el riesgo es otro: que la edad se convierta en atajo discursivo y que el sistema llegue —otra vez— cuando todo ya explotó.
La serie puso en evidencia algo que la ley no resuelve por decreto: el bullying no es “un tema escolar”, es un dispositivo social que ordena jerarquías, produce silencio y suele dejar a las víctimas solas. Si la respuesta del Estado empieza recién en el expediente, llega tarde.
Por eso, el punto no es discutir solo “si era necesaria” la baja de imputabilidad. El punto es qué revela: la fragilidad de las redes adultas y la ausencia de políticas consistentes para intervenir antes del delito, cuando todavía hay margen para evitarlo.
La ficción llegó antes que la ley. Ahora falta lo más difícil: que la política llegue antes que el daño.
El guión anticipatorio
El guion de Stephen Graham quien también interpreta a Eddie Miller, el padre del acusado, no se detiene en el crimen: explora la violencia social, la exposición mediática, el castigo público en redes y la descomposición de la vida escolar. Todo huele a fracaso social y es lo mejor de la serie por que todos son parte responsable de la tragedia. Disminuye la responsabilidad individual del niño? o transfiere a cada uno su parte en el todo?
Una línea de diálogo resuena en cada espectador adulto: ¿dónde estábamos mientras esto pasaba? La serie no da respuestas, pero sí genera incomodidad. Y lo que mas interpela es que es en un país desarrollado. Pone el foco en una etapa vital muchas veces ignorada: la adolescencia y el bullying como síntomas de un fracaso colectivo, y la variable del adulto como respuesta a la demanda del consumo y la ausencia del limite. Será que la generación cambió tanto que no podemos acercarnos?
Lo que cambia no es solo la edad. Lo que queda en discusión es si existe un sistema capaz de prevenir, intervenir y reinsertar, en vez de llegar cuando ya es tarde.
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