Tener información, referencias, vínculos y alguien que muestre un camino también condiciona las oportunidades. Fundación Cimientos reunió a 350 jóvenes del AMBA en Potenciá tu Futuro, una jornada realizada en Ciudad Cultural Konex para acercarlos al mundo del trabajo y los estudios superiores. Detrás del encuentro aparece otra discusión: cómo construir capital social allí donde las redes de origen son más débiles.
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Resumen
- 350 jóvenes de entre 16 y 18 años participaron de #PotenciáTuFuturo en el Konex. Llegaron desde 21 barrios y localidades del AMBA para encontrarse con profesionales, universidades y herramientas para el empleo.
- Fundación Cimientos trabaja sobre educación, autonomía y habilidades para que el origen socioeconómico no se convierta necesariamente en destino.
Potenciar el Futuro

Hay desigualdades que se miden en ingresos, educación o acceso al empleo. Y existe otra bastante menos visible: no todos conocen las mismas posibilidades ni cuentan con las mismas redes para alcanzarlas.
Tener cerca a un profesional. Conocer una universidad. Saber cómo preparar un currículum. Entender cómo funciona una entrevista laboral. Tener a quién preguntarle cómo se empieza, es capital social, que es un diferencial tan arbitrario como el lugar que te tocó nacer.
Y puede hacer una diferencia especialmente importante entre jóvenes que son los primeros de sus familias en terminar el secundario, imaginar un empleo formal o proyectar estudios superiores.
Ese fue el escenario de #PotenciáTuFuturo, la jornada organizada por Fundación Cimientos en el Konex, que reunió a 350 estudiantes de entre 16 y 18 años provenientes de 21 barrios y localidades del Área Metropolitana de Buenos Aires.
Cuando una posibilidad primero necesita ser visible
Durante seis horas, los estudiantes participaron de simulaciones de entrevistas laborales, trabajaron sobre sus CV y perfiles de LinkedIn, conocieron plataformas de empleo y conversaron con profesionales y representantes de universidades.
El objetivo parece sencillo: mostrar posibilidades. Pero detrás hay algo más profundo.
“Muchos de los jóvenes con los que trabajamos son los primeros de su familia en terminar el secundario y en pensar seriamente en un empleo formal o en seguir estudiando. Están abriendo un camino que nadie recorrió antes por ellos, y para eso necesitan algo muy simple: conocer las opciones, porque nadie elige lo que no conoce”, explica Mercedes Méndez Ribas, directora ejecutiva de Fundación Cimientos.
Tercer Tiempo participó de uno de los paneles profesionales de la jornada, conversando sobre medios, periodismo y los primeros pasos de una trayectoria laboral. Allí apareció otra dimensión de la discusión. El capital social puede profundizar asimetrías: no es lo mismo empezar teniendo cerca profesionales, contactos, información y referencias que hacerlo sin esas redes.
Pero a los 18 o 20 años hay algo que atraviesa cualquier origen: todos estamos empezando, pero no todos los inicios son iguales, ni siquiera parecidos. Hay que construir experiencia, encontrar una vocación, equivocarse y, muchas veces, estar en los espacios adecuados.
La educación adquiere entonces un valor que excede al título. Es una herramienta para construir autonomía.
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Del origen a las oportunidades
Fundación Cimientos trabaja desde hace 29 años acompañando trayectorias educativas de jóvenes en situación de vulnerabilidad. Su modelo combina tutorías personalizadas, apoyo económico y desarrollo de habilidades como autonomía, organización del tiempo, toma de decisiones y capacidad de aprender.
Según los datos de la organización, con ese acompañamiento las posibilidades de egresar del secundario en tiempo y forma aumentan 47% respecto de una población comparable. Además, el 83% de sus egresados estudia, trabaja o hace ambas cosas un año después de terminar la escuela.
Los números dialogan con una realidad mucho más amplia. Una investigación analizada recientemente por Tercer Tiempo mostró que 60,5% de los jóvenes vulnerables no terminó el secundario y que, entre quienes no trabajan, 32,8% tampoco estudia ni busca empleo.
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Por eso el desafío no termina en garantizar el acceso. También supone construir autonomía, referencias y vínculos que permitan imaginar un recorrido posible.
Otro informe sobre jóvenes de barrios populares abordado por Tercer Tiempo mostró otra paradoja: el 90% valora la educación, pero más de la mitad no logra terminar la secundaria.
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La desigualdad de origen existe. Pero acompañar, educar, generar vínculos y ampliar el capital social puede modificar trayectorias. Porque antes de poder elegir un camino, primero hay que saber que existe.

