Los octógonos negros podrían dejar de dominar las góndolas argentinas. El Gobierno de Javier Milei busca flexibilizar la Ley de Etiquetado Frontal aprobada en 2021 y permitir nuevamente dibujos, celebridades e influencers en envases de alimentos. La discusión reabre una pelea que excede a las etiquetas: cuánto debe intervenir el Estado sobre el consumo y qué peso tienen las multinacionales alimenticias en las reglas del mercado.
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Qué quiere cambiar el Gobierno
La Ley de Promoción de la Alimentación Saludable fue sancionada en octubre de 2021 y comenzó a implementarse de manera gradual desde 2022. La norma obliga a incluir sellos negros de advertencia en alimentos y bebidas con exceso de azúcares, sodio, grasas saturadas, grasas totales y calorías.
Ahora el oficialismo busca modificar el sistema vigente y alinearlo con criterios del Mercosur. Desde sectores cercanos al Gobierno sostienen que la norma actual genera barreras comerciales y perjudica la competitividad frente a otros países de la región.
También existe un componente ideológico: para sectores libertarios, el etiquetado frontal representa una intervención estatal excesiva sobre decisiones individuales de consumo.
Chile y México: los antecedentes regionales
La ley argentina está inspirada principalmente en el modelo chileno, considerado uno de los sistemas más estrictos de América Latina.
Chile implementó los octógonos negros en 2016 y luego avanzaron países como México, Perú y Uruguay. El objetivo fue advertir de manera rápida y visible cuando un producto contiene niveles elevados de nutrientes críticos.
La Organización Panamericana de la Salud considera que el sistema de sellos octogonales es uno de los mecanismos más eficaces para informar consumidores.
En México, además, el etiquetado frontal derivó en restricciones publicitarias para productos dirigidos a niños y cambios profundos en estrategias de marketing alimenticio.
El regreso de los dibujitos y celebridades a los envases
Uno de los cambios más polémicos que impulsa el Gobierno es volver a permitir personajes animados, influencers, celebridades y deportistas en envases de productos con sellos nutricionales. La ley vigente prohíbe expresamente utilizar dibujos animados o recursos visuales orientados a captar la atención infantil en productos con exceso de azúcar, sodio o grasas.
Desde sectores oficiales sostienen que esas restricciones generan desventajas comerciales frente a otros países.
“Messi en Argentina no puede usarse y en Brasil sí”, señalaron fuentes vinculadas a la discusión regulatoria. El debate vuelve a poner sobre la mesa el peso del marketing emocional en el consumo infantil y el poder de las grandes marcas para construir hábitos alimentarios desde las góndolas.
La pelea silenciosa con las multinacionales
Desde el inicio, las grandes empresas alimenticias resistieron la ley. Las compañías debieron rediseñar envases, modificar campañas publicitarias y reformular productos para reducir sellos negros visibles. Algunas multinacionales incluso cambiaron ingredientes para evitar advertencias nutricionales que afectaran la percepción de marca y el posicionamiento comercial.
El conflicto no fue solamente económico. El etiquetado frontal alteró uno de los núcleos históricos de la industria alimenticia: la construcción emocional del consumo, especialmente entre niños y adolescentes.
La discusión de fondo
Quienes defienden la ley sostienen que el objetivo central es garantizar información clara para consumidores y reducir enfermedades vinculadas a la mala alimentación.
Quienes buscan modificarla consideran que el sistema actual es excesivo y perjudicial para la competitividad regional. En el medio aparece una pregunta incómoda: cuánto poder tienen hoy las industrias alimenticias para influir sobre regulaciones vinculadas a salud pública.
Detrás de los octógonos negros ya no se discuten solamente etiquetas. Se discute qué pesa más: la libertad de mercado o el derecho a saber qué consumimos.

