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La «Ley Cazzu» es un proyecto de ley para proteger las infancias y recordarnos que debemos ser adultos responsables. Ya ingresó en el Senado y deberá continuar su recorrido en Diputados. La iniciativa reabre una discusión incómoda: qué pasa cuando quienes deberían cuidar no están, pero siguen decidiendo.
Por María Fernanda González – Abogada, especialista en Derecho de Familia. Jefa de Asesores del despacho del senador Carlos Linares
Responsabilidad con presencia: por qué la Ley Cazzu pone el foco en el Interés Superior del Niño
En el complejo entramado del derecho de familia, suele existir una brecha peligrosa entre la letra fría de la ley y la realidad de los hogares. El Expediente S-338/26, conocido popularmente como la «Ley Cazzu», irrumpe en la agenda del Senado de la Nación como una respuesta urgente a una forma de violencia silenciosa: el abandono y el incumplimiento financiero.
El eje central de este proyecto no es el castigo al progenitor ausente, sino la operatividad del Interés Superior del Niño. Este principio, de rango constitucional, establece que en toda decisión judicial o administrativa se debe priorizar el bienestar y desarrollo integral de los menores por sobre los intereses o derechos de los adultos.
Sin embargo, en la práctica cotidiana, muchos niños, niñas y adolescentes quedan como «rehenes» de un sistema de Responsabilidad Parental que otorga derechos de veto a quienes han renunciado de facto a sus obligaciones.
El derecho de cuidar sin obstáculos
Hoy, una madre que cría sola —estadísticamente el 56% de las familias monomarentales en Argentina no recibe la cuota alimentaria a tiempo— se enfrenta a muros burocráticos insólitos.
Para tramitar un pasaporte, una mudanza o incluso una intervención médica programada, requiere la firma de un progenitor que quizás no ve al niño hace meses o años.
La Ley Cazzu propone una reforma lógica: si un progenitor incumple la cuota alimentaria por 3 meses consecutivos o 6 alternados, o si se ausenta físicamente de la vida del menor por más de 90 días sin causa justa, la Responsabilidad Parental debe suspenderse de forma cautelar.
Es vital entender que suspender la responsabilidad no es extinguir la obligación. El progenitor que no está sigue debiendo la cuota y sigue siendo responsable legalmente, pero pierde la facultad de bloquear la vida del niño.
No es justo que quien no está tenga el poder de decidir.
Un cambio de paradigma
Esta ley obliga a repensar qué significa ser padre o madre. La Responsabilidad Parental no es una propiedad sobre los hijos, sino un conjunto de deberes.
Cuando el deber se abandona, el derecho debe ceder ante el derecho del niño a una vida sin trabas. A una vida acompañada.
En un escenario donde muchas infancias crecen en soledad, la Ley Cazzu no solo regula: interpela.
Porque en la infancia, la ausencia no es neutra. Y cuando no hay adultos presentes, alguien llega tarde.

