Inicio › Empresas › Sustentabilidad › Agua
Mientras el agua se vuelve un recurso crítico en Argentina, Quilmes muestra números concretos: redujo 21% su consumo y ahora apuesta a recargar acuíferos en Mendoza.. El foco ya no es solo usar menos agua, sino devolverla al sistema. El proyecto Amunas abre un nuevo capítulo en la relación entre industria y territorio.
Tiempo de lectura: 4 min
Leer también: Ley de glaciares: el agua, el Congreso y la presión de la minería
El dato incómodo: la industria depende del agua… y empieza a devolverla
El agua no es un insumo más para la industria. En el caso de la cerveza, representa cerca del 90% del producto. Esa dependencia empieza a jugar en contra en un contexto donde la escasez hídrica ya no es una advertencia sino una variable que condiciona producción, inversiones y licencia social.
En ese escenario, Cervecería y Maltería Quilmes informó que redujo un 21% el consumo de agua en sus operaciones en los últimos cinco años. Esto se logró a partir de una inversión superior a USD 8,6 millones en eficiencia y resiliencia hídrica.
La mejora responde a una estrategia basada en tres ejes: menor consumo en planta mediante nuevas tecnologías. Además, reúso de efluentes tratados y reutilización comunitaria del agua para riego, limpieza y uso industrial.
La inversión en agua de Quilmes marca un cambio en la estrategia industrial frente a la crisis hídrica en Argentina.
Pero el punto más relevante no está en lo que la empresa dejó de consumir, sino en lo que ahora intenta reconstruir.
Amunas: la apuesta por devolver agua al sistema
La novedad no es tecnológica en el sentido tradicional. Es una combinación de conocimiento ancestral y ciencia aplicada.
El proyecto Amunas, que se implementará en Mendoza junto al Ministerio de Energía y Ambiente provincial, busca recargar acuíferos a través de zanjas de infiltración. Estas zanjas permiten que el agua vuelva al subsuelo.
La iniciativa apunta a restaurar el ciclo hidrológico en zonas de montaña. Además, podría aportar alrededor de 800.000 litros anuales al acuífero. También se espera que la iniciativa mejore la biodiversidad y reduzca riesgos aluvionales.
Este cambio ocurre en paralelo a debates regulatorios sobre el uso del agua en Argentina. Estos debates incluyen los que hoy atraviesan la discusión sobre la ley de glaciares, el control del agua y la presión minera en el Congreso.
Del discurso ambiental a la licencia social
En provincias como Mendoza, la relación entre empresas y territorio ya no se define solo por inversión o empleo. Se define por el impacto real sobre los recursos naturales.
“La seguridad hídrica es uno de los desafíos más complejos que enfrentamos como humanidad”, sostuvo Juan Mitjans, director de Asuntos Corporativos de la compañía.
En paralelo, la empresa impulsa otras iniciativas en la provincia, como el Fondo de Agua del Río Mendoza. Además, desarrolla programas de restauración de biodiversidad y sistemas de monitoreo ambiental con inteligencia artificial para detectar incendios en tiempo real.
El cambio de fondo: ya no alcanza con consumir menos
Durante años, la agenda empresarial en torno al agua estuvo centrada en eficiencia: gastar menos, optimizar procesos y reducir pérdidas.
Hoy ese enfoque resulta insuficiente. La presión social, ambiental y regulatoria empieza a exigir algo distinto: regenerar. Intervenir sobre el sistema natural y no solo sobre el proceso productivo. El caso de Amunas marca un punto de inflexión que recién empieza a tomar forma en Argentina. Las empresas buscan no solo reducir su huella, sino participar activamente en la recuperación de los recursos que utilizan.
La pregunta ya no es cuánto agua consume la industria. La pregunta es cuánto puede devolver.

