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En un contexto de crisis ambiental global, Grupo Arcor afirma que ya valoriza el 97% de sus residuos y avanza hacia un modelo de “basura cero” en todas sus operaciones. El dato marca un cambio en la industria de alimentos, donde el problema de los residuos dejó de ser invisible y empieza a impactar en costos, regulaciones y reputación.
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El problema que la industria ya no puede esquivar
Cada año, el mundo genera más de 2.000 millones de toneladas de residuos urbanos. Cuando no se gestionan, contaminan, degradan ecosistemas y aceleran el cambio climático. :contentReference[oaicite:0]{index=0}
En ese escenario, la gestión de residuos dejó de ser un tema ambiental aislado para convertirse en una variable económica y productiva.
Los basurales emiten metano, los residuos impactan en biodiversidad y la contaminación ya no es un costo oculto. Es un problema visible.
El movimiento de Arcor: del descarte al recurso
En ese contexto, Grupo Arcor afirma haber alcanzado un 97% de valorización de sus residuos en 2025, a partir de procesos de reciclado, reutilización, compostaje y coprocesamiento.
El objetivo es más ambicioso: que el 100% de sus operaciones industriales no envíe residuos a rellenos sanitarios, es decir, eliminar el enterramiento como destino final.
Hoy, 35 de sus plantas ya operan bajo ese esquema y el resto debería alcanzarlo en 2026. El cambio no es menor. Implica transformar lo que antes era descarte en insumo para otras industrias.
Cómo se transforma la basura en negocio
La estrategia combina soluciones concretas: Residuos orgánicos que se convierten en alimento animal. Lodos industriales reutilizados como mejoradores de suelo. Desechos urbanos que se convierten en energía en la industria cementera.
Incluso, productos fuera de especificación —como caramelos— se reprocesan para generar nuevos insumos. La lógica es clara: si el residuo tiene valor, deja de ser un costo.
El verdadero cambio: la presión sobre el modelo productivo
La economía circular dejó de ser un concepto aspiracional. Empieza a ser una exigencia.
“Avanzar hacia cero desechos implica repensar cómo producimos y consumimos”, señaló Bárbara Bradford, gerente corporativa de sustentabilidad de la compañía.
Pero detrás del discurso hay una realidad más incómoda: la industria ya no puede sostener modelos lineales en un contexto de presión ambiental, regulatoria y social creciente.
En sectores intensivos como alimentos, energía o minería, los residuos pasaron a ser parte central del debate productivo.
La pregunta ya no es cuánto se produce. La pregunta es qué se hace con lo que sobra.

