El petróleo “sucio” que Trump quiere revivir en Venezuela

El petróleo “sucio” que Trump quiere revivir en Venezuela
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La jugada promete “recuperación” y más barriles, pero reabre el peor capítulo de la agenda climática: crudo extrapesado, más emisiones y un incentivo global a patear la transición energética.

Venezuela tiene las mayores reservas probadas de petróleo del mundo y gran parte está en la Faja del Orinoco, un crudo extrapesado que exige más energía para extraerse y refinarse. En un planeta al límite, sumar oferta fósil no es neutral: enfría precios y frena renovables.

La pregunta incómoda es simple: ¿se puede “salvar” una economía con el combustible que acelera el incendio?

Trump exporta su mantra: “perforar más”

El giro no es solo geopolítico: es cultural. La lógica es directa y vieja. Más perforación, más producción, menos reglas. Trasladada a Venezuela, esa receta multiplica el impacto porque pone en juego uno de los reservorios de crudo más grandes del mundo.

La señal es peligrosa en términos climáticos: cada barril adicional no solo emite al quemarse. También sostiene infraestructura fósil por décadas y le roba oxígeno a la inversión en tecnologías limpias.

El problema no es solo cuánto: es qué petróleo

No todo el petróleo contamina igual. En Venezuela pesa un dato clave: la Faja del Orinoco concentra crudo extrapesado, más intensivo en carbono por los procesos necesarios para moverlo y transformarlo en combustibles útiles.

En términos simples: extraer y refinar ese crudo suele implicar más energía, más emisiones y más pérdidas ambientales que el promedio global. Es el tipo de “solución” que agranda el problema.

Más oferta global, menos transición

Cuando entra más petróleo al mercado, el precio tiende a bajar. Y cuando baja el precio, se vuelve más tentador seguir quemando fósiles. Ese efecto, aunque indirecto, es central porque desacelera decisiones que ya venían difíciles: electrificación, eficiencia, inversiones renovables y sustitución tecnológica.

En otras palabras, no es solo CO₂. Es inercia. Es retraso. Es un modelo económico que se queda pegado al pasado.

Una paradoja venezolana: vulnerables al clima, atados al crudo

Venezuela es altamente vulnerable a impactos climáticos extremos y, al mismo tiempo, depende de un commodity que empuja esos mismos extremos. La contradicción es brutal: puede entrar dinero, sí, pero también se profundiza el riesgo social y ambiental que paga primero la población.

El espejo argentino: minerales críticos y la pelea por recursos

Esta discusión no es “solo Venezuela”. Es un capítulo del mismo tablero global que explica por qué Estados Unidos, China y Japón compiten por recursos estratégicos. En el caso argentino, esa pelea ya se ve en el interés por tierras raras y minerales críticos y en el debate sobre cómo se posiciona el país en esa nueva economía de materiales.

Conclusión: “hacer rentable” no es lo mismo que hacer futuro

La discusión de fondo no es si entran empresas o si sube la producción. La discusión es qué modelo se valida. Apostar por más crudo extrapesado hoy es un retroceso climático, un mal incentivo económico y un mensaje político: “no importa el límite”.

Y cuando el planeta ya muestra señales de saturación, ese mensaje sale carísimo.

Lecturas y fuentes: información sobre reservas y contexto energético puede consultarse en la cobertura internacional y reportes sectoriales. Por ejemplo, Reuters sobre el rol de la región en commodities y energía: Reuters Commodities. Contexto de transición y emisiones: IEA. Base científica del presupuesto de carbono: IPCC.

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