YPF se agranda en Vaca Muerta y apuesta a Argentina LNG

YPF se agranda en Vaca Muerta y apuesta a Argentina LNG
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Mientras varias petroleras globales venden activos y se reordenan sus fichas en Vaca Muerta, YPF se agranda en casa y apuesta a convertir a Río Negro en el gran puerto de salida del gas argentino. Con el proyecto Argentina LNG, la petrolera de mayoría estatal busca asegurar financiamiento por 30.000 millones de dólares. Además, apunta a sumar socios de peso y transformar el shale gas neuquino en divisas y empleo por al menos dos décadas.

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Argentina LNG busca transformar el gas de Vaca Muerta en un flujo estable de exportaciones desde la costa de Río Negro.

El nuevo mapa de Vaca Muerta ya no se define solo por el tamaño de las multinacionales. Ahora importa quién está dispuesto a jugar en serio en la Argentina de hoy. En ese tablero, YPF dejó de ser un socio tímido para ocupar el centro de la escena. Compró activos, intercambió posiciones y ahora se dispone a liderar Argentina LNG, un proyecto de gas natural licuado pensado para exportar desde la Patagonia al mundo.

Del plan 4×4 al salto exportador con Argentina LNG

El giro se entiende mejor si se lo mira en continuidad con el plan 4×4 que diseñó Horacio Marín . Este plan plantea más producción en Vaca Muerta, más eficiencia operativa y más disciplina financiera. Además, tiene una obsesión por pasar de exportador ocasional a jugador estable en el mercado global de energía.

En ese contexto se inscribe el acuerdo vinculante que selló YPF con la italiana Eni y con XRG, el brazo internacional de inversiones energéticas de ADNOC, la petrolera nacional de Abu Dhabi. Además, el entendimiento fija el marco para estructurar el financiamiento y avanzar hacia la Decisión Final de Inversión del proyecto Argentina LNG. Este proyecto apunta a procesar gas de Vaca Muerta en unidades flotantes de licuefacción y exportarlo desde la costa de Río Negro.

Según lo que viene señalando Horacio Marín en distintas entrevistas, el paquete completo demanda alrededor de 30.000 millones de dólares. Unos 20.000 millones están destinados a gasoductos, infraestructura portuaria y unidades flotantes de GNL. Además, se suman 10.000 millones en pozos y desarrollo de campos. El objetivo es que, una vez en régimen, Argentina LNG pueda generar del orden de 10.000 millones de dólares anuales en exportaciones. Este flujo podría sostenerse por al menos dos décadas.

Un gasoducto inédito y un polo exportador en Río Negro

El corazón del proyecto es un gasoducto de 48 pulgadas que llevaría el gas desde Vaca Muerta hasta la costa atlántica. Es una obra de una escala que la Argentina no encaró hasta ahora. A eso se suman oleoductos, poliductos, plantas de separación de líquidos de gas y el desarrollo de las unidades flotantes de GNL. Estas permiten licuar el gas en el mar sin construir una planta en tierra.

Para Río Negro, el plan es mucho más que una obra de ingeniería. Supone convertir a la provincia en un polo energético y logístico, con miles de empleos directos e indirectos asociados a la construcción, la operación y los servicios del complejo. Marín habla de hasta 50.000 puestos de trabajo en el pico de la obra. También prevé un flujo sostenido de divisas que le daría otra musculatura a la macroeconomía argentina.

No se trata solo de vender gas. El esquema incluye la posibilidad de exportar líquidos del gas natural (etano, propano, butano) y abrir la puerta a más proyectos petroquímicos en el país. Este es un punto sensible para la industria que mira cómo reposicionarse en la transición energética.

Multinacionales que se achican, jugadores locales que se agrandan

El avance de Argentina LNG ocurre en paralelo a una reconversión silenciosa pero profunda en Vaca Muerta. En los últimos años, varias petroleras globales tomaron la decisión de reducir su exposición en la Argentina o directamente salir del país. Entre ventas de activos y reordenamientos internos, la cifra acumulada supera los 4.600 millones de dólares en operaciones conocidas.

La malaya Petronas, la estadounidense ExxonMobil, la francesa TotalEnergies o QatarEnergy fueron cediendo espacio. A cambio, ganaron volumen compañías con ADN local o regional, más acostumbradas a los vaivenes argentinos. Por ejemplo, Vista se quedó con los activos de Petronas. Pluspetrol compró áreas de Exxon, Pan American Energy y la propia YPF sumó campos y reordenó su portafolio para concentrarse donde Vaca Muerta tiene más potencial.

A la vez, aparecieron jugadores nuevos que miran a la cuenca neuquina con apetito de largo plazo. Por ejemplo, Continental Resources, la compañía del “rey del fracking” Harold Hamm, se sumó. También la latinoamericana GeoPark, que regresó con un plan de inversión fuerte. Además, la brasileña Fluxus Oil, Gas & Energy, ligada al grupo J&F, participa entre otros.

El resultado es un ecosistema en el que las multinacionales tradicionales dejan de ser las únicas dueñas del juego y el protagonismo se reparte entre empresas estatales, privadas locales y socios internacionales. Ahora, estos socios apuestan a proyectos específicos, como es el caso de Argentina LNG.

YPF como modelo de éxito en un contexto volátil

Que YPF se agrande en este contexto no es un dato menor. Durante años, la petrolera fue un símbolo de la volatilidad argentina: cambios de gestión, vaivenes en la estrategia y una deuda pesada. Hoy intenta instalarse como un modelo de compañía integrada que combina control estatal, disciplina de gestión y capacidad de asociarse con gigantes globales.

El acuerdo con Eni y ADNOC es, en ese sentido, una prueba de fuego. Si Argentina LNG llega a la Decisión Final de Inversión y supera la carrera de obstáculos regulatorios, fiscales y de infraestructura, YPF habrá dado un paso que trasciende un proyecto puntual. Así, habrá demostrado que la Argentina puede ofrecer reglas suficientes para embarcar a socios de primer nivel en apuestas de largo plazo.

El desafío es conocido: asegurar el encuadre regulatorio (incluyendo el régimen de incentivos a grandes inversiones), coordinar con las provincias productoras y sostener la licencia social. Además, hay que administrar la tensión entre la urgencia por conseguir dólares y la necesidad de cumplir metas climáticas. Pero por primera vez en mucho tiempo, la discusión no es solo sobre potencial geológico. Ahora también es sobre cómo convertir Vaca Muerta en una política de Estado que sobreviva a los cambios de gobierno.

Mientras tanto, el mensaje de fondo es claro: en el nuevo mapa de Vaca Muerta, YPF ya no se conforma con ser un jugador más. Se agranda en el upstream, ordena su casa, arma alianzas estratégicas y apuesta a que el sello Argentina LNG sea, en pocos años, sinónimo de gas neuquino llegando a los puertos del mundo.

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