Trump la vuelve a mirar, Europa negocia minerales críticos y China controla la cadena global. Groenlandia parece hielo, pero debajo hay una pelea por el nuevo poder: tierras raras, grafito y seguridad. Groenlandia tiene una estética perfecta para distraer: blanco infinito, glaciares, silencio. Pero el verdadero mapa está debajo. Y por eso vuelve a aparecer en la agenda global cada vez que el mundo se pone nervioso con los minerales que mueven tecnología, defensa y energía.
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En 2026, la pregunta ya no es “por qué Groenlandia”, sino “qué tiene que el resto no quiere perder”.
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Groenlandia no es una isla: es una caja fuerte
Lo que seduce no es su paisaje. Es su combinación explosiva: ubicación geopolítica en el Ártico, potencial minero y una infraestructura militar clave para Estados Unidos. El debate sobre “comprarla” volvió a escena en los últimos años como símbolo de una obsesión más grande: el control del norte. Un cable de Reuters lo volvió a poner en agenda cuando Trump insistió con la idea de adquirirla. Fuente.
Y en paralelo, la base estadounidense en el territorio —hoy llamada Pituffik Space Base— muestra por qué el tema no es solo minería: también es defensa, satélites y monitoreo del Ártico. Fuente.
Tierras raras: el insumo que convierte la política en negocio
Las tierras raras son 17 elementos que se usan en imanes permanentes, turbinas eólicas, autos eléctricos, radares, misiles, baterías y electrónica avanzada. No son “raras” por inexistentes: son raras por la dificultad de extraerlas y refinarlas sin costo ambiental y sin dependencia externa.
Para contexto local: en Tercer Tiempo ya lo contamos cuando explicamos por qué el mundo mira estos minerales como el nuevo oro tecnológico.
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Y también con el mapa más amplio de minerales críticos. Más sobre: Minerales críticos: qué busca Argentina y por qué importa.
El punto ciego: no alcanza con tener minerales
El juego real no es extraer: es refinar. Ahí está el cuello de botella global. El mundo sabe que China domina etapas clave del procesamiento y de la industria de imanes, y por eso el resto corre a diversificar. La Agencia Internacional de Energía lo viene marcando en sus informes sobre minerales críticos y cadena de suministro. Fuente.
Europa también se mueve: la Unión Europea firmó una asociación estratégica con Groenlandia para asegurar materias primas, con la mira puesta en autonomía industrial.
¿Y Japón? El dato que suele quedar afuera
Japón aparece menos en titulares, pero está en la misma carrera: su estrategia industrial depende de suministros estables de minerales críticos para electrónica, automotriz y defensa. Su interés en diversificar proveedores es estructural, no coyuntural, porque vive con una obsesión histórica: no quedar rehén de un solo jugador.
La conclusión incómoda
Groenlandia es una disputa por poder. No se trata de un territorio remoto: se trata de quién define la tecnología del mundo que viene.
Y en ese tablero, una isla que “no importa” puede terminar siendo la llave de varias economías.

