Langostino, mar frío y recursos estratégicos. Mientras las potencias globales disputan Groenlandia, el extremo sur argentino enfrenta el mismo dilema en silencio: riqueza natural, presión extractiva y un Estado que llega tarde.
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Cuando el mundo mira al Ártico, el sur queda fuera del radar
Groenlandia volvió al centro del tablero global. Estados Unidos, China y Japón la observan por sus tierras raras, su ubicación estratégica y su potencial pesquero. Pero el fenómeno no es ajeno a la Argentina. En Tierra del Fuego, los recursos existen. La diferencia es que casi nadie los defiende.
Según datos oficiales de la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca, el Atlántico Sur concentra algunos de los recursos pesqueros más valiosos del país, con fuerte peso exportador y creciente presión internacional.
👉https://www.argentina.gob.ar/agricultura/pesca
La comparación no es exagerada. Como ocurre en el Ártico, el sur argentino concentra riqueza natural crítica para el siglo XXI: biodiversidad marina, mar frío, proteína de exportación y control de rutas oceánicas. La disputa no es ideológica. Es económica y geopolítica.
El debate global sobre minerales críticos ya lo anticipó Tercer Tiempo: los países con recursos estratégicos entran en una nueva fase de presión internacional. Tierra del Fuego no es la excepción.
Mar frío, proteína y negocios globales
En Groenlandia, la pesca es uno de los principales activos económicos. En Tierra del Fuego ocurre lo mismo. Langostino, calamar y especies del Atlántico Sur sostienen exportaciones millonarias, con una presión creciente sobre el ecosistema. El langostino patagónico es uno de los principales productos de exportación del complejo pesquero argentino, según informes técnicos del INIDEP https://www.inidep.edu.ar/portal/documentos/langostino
La lógica es conocida: cuando el mundo necesita alimentos y proteínas, los mares fríos se vuelven estratégicos. Pero la diferencia está en la gobernanza. Mientras el Ártico discute límites, regulaciones y soberanía, en el sur argentino la discusión aparece fragmentada, tardía o directamente ausente.
La situación se agrava si se observa el contexto regional. Según el análisis de minerales críticos en Argentina, los territorios periféricos concentran recursos clave, pero reciben menos planificación y control estatal.
El riesgo ambiental que nadie quiere ver
El punto en común entre Groenlandia y Tierra del Fuego no es el frío. Es la fragilidad. Ecosistemas extremos, biodiversidad única y una capacidad limitada de recuperación frente a la sobreexplotación.
En el sur argentino, el riesgo no llega con discursos de Trump ni con tensiones diplomáticas. Llega con la inercia, la falta de controles efectivos y un modelo extractivo que avanza más rápido que la política ambiental.
La paradoja es brutal: territorios estratégicos tratados como periferia. Zonas clave para el futuro económico del país gestionadas como si fueran un margen prescindible.
La advertencia que deja Groenlandia
Groenlandia funciona hoy como espejo. No por su geografía, sino por su destino posible. Cuando un territorio concentra recursos estratégicos y el Estado no ordena, otros ordenan por él.
En Tierra del Fuego, la discusión todavía está abierta. Pero el tiempo juega en contra. La presión internacional sobre alimentos, minerales y control marítimo no va a disminuir. Va a crecer.
La pregunta no es si el sur argentino será estratégico. Ya lo es. La pregunta es si habrá una política capaz de anticiparse o si, una vez más, el debate llegará cuando el daño ya esté hecho. El Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático advirtió que los océanos fríos y los ecosistemas costeros serán de los más afectados por el calentamiento global y la sobreexplotación.👉 https://www.ipcc.ch/report/ar6/wg2/

