Jorge Brito, presidente de Genneia, expuso ante 350 líderes globales en el foro de alto nivel de la 56° Asamblea General de la OEA en Panamá. El panel se llamó «Energía y Recursos Críticos» y lo compartió con ministros de energía y ejecutivos de Exxon y AES. Su tesis fue directa: Argentina tiene Vaca Muerta, eólica patagónica, solar del NOA y más de 6.000 MW renovables instalados. La inteligencia artificial necesita gigavatios de energía limpia. La ecuación cierra — si el país puede sostener las condiciones para que los inversores confíen.
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Genneia es la empresa líder en renovables de Argentina: 23% de la potencia instalada total, más de 1.580 MW entre eólica y solar, y más de USD 1.280 millones en bonos verdes emitidos. Brito la preside desde enero de 2026, cuando volvió al cargo que ya había ocupado entre 2015 y 2022.
El RIGI fue el otro eje de su exposición: lo definió como la herramienta jurídica y fiscal que el sector privado necesitaba para viabilizar grandes inversiones con previsibilidad por 30 años.
➤ Jorge Brito vuelve a presidir Genneia: la señal que el mercado de renovables estaba esperando
La tesis de Brito: cuatro activos, una oportunidad
En el foro de la OEA, Brito ordenó el argumento con precisión: Argentina tiene cuatro activos energéticos que, combinados, la posicionan de manera única en el mapa global. Vaca Muerta como reservorio de gas y petróleo no convencional. El GNL como vector de exportación. El viento patagónico como uno de los mejores recursos eólicos del planeta. Y la radiación solar del NOA como potencial solar de primer nivel.
«La combinación de Vaca Muerta, el desarrollo del GNL, el potencial eólico de la Patagonia y la radiación solar del NOA nos coloca en una posición privilegiada para responder a la creciente demanda global de energía», sostuvo ante los 350 líderes presentes. El argumento no es nuevo en el sector energético argentino. Lo que cambió es el contexto que lo hace más urgente: la demanda de energía asociada a la inteligencia artificial.
La IA como catalizador de la demanda energética
Los centros de datos que alimentan a la inteligencia artificial son los mayores consumidores de energía del mundo. Un data center de escala media consume tanto como una ciudad mediana. Los de nueva generación — como el que OpenAI proyecta instalar en la Patagonia bajo el proyecto Stargate Argentina, con una inversión prevista de hasta USD 25.000 millones — necesitan gigavatios de energía limpia, confiable y continua.
Genneia ya firmó un Memorando de Entendimiento para ser proveedora de energía renovable de ese proyecto. No es un detalle menor: posiciona a la empresa no solo como generadora, sino como actor estratégico de la infraestructura tecnológica del país. «Hoy la inteligencia artificial demanda gigavatios de energía limpia en todo el mundo. Argentina ya cuenta con más de 6.000 MW de capacidad renovable instalada y algunos de los mejores factores de carga eólicos del planeta. Eso nos convierte en un destino altamente competitivo para la radicación de centros de datos de nueva generación», explicó Brito en Panamá.
El RIGI como argumento ante inversores globales
Ante una audiencia de ejecutivos de Exxon, AES y ministerios de energía de la región, Brito defendió el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones con números concretos: previsibilidad impositiva, aduanera y cambiaria por 30 años. «El RIGI es la herramienta jurídica y fiscal que el sector privado necesitaba para viabilizar grandes inversiones. Cambia radicalmente la ecuación para proyectos como plantas de licuefacción de GNL y nuevas líneas de transmisión eléctrica», afirmó.
El argumento es relevante porque apunta directamente a la restricción histórica de Argentina para atraer inversión de largo plazo: la inestabilidad de las reglas del juego. Un régimen con estabilidad garantizada por tres décadas intenta desactivar ese obstáculo. La pregunta que los inversores globales se hacen — y que Brito no respondió explícitamente — es si esa garantía es creíble en un país con el historial institucional de Argentina.
Genneia: los números que respaldan la voz
Jorge Brito no habló en la OEA como un empresario con aspiraciones: habló como el conductor de la empresa renovable más grande de Argentina. Genneia opera 8 parques eólicos y 6 solares, con más de 1.580 MW instalados — el 23% del total de la potencia renovable del país. Es además la principal emisora de bonos verdes de Argentina, con más de USD 1.280 millones colocados en los mercados internacionales. Y proyecta superar los 1,7 GW de capacidad instalada antes de que termine 2026.
Esos números son el respaldo real del discurso. En el foro de la OEA, Brito no estaba vendiendo una promesa: estaba describiendo lo que su empresa ya construyó y proyectando hacia dónde puede ir el país si replica esa lógica a mayor escala.
El discurso empresarial con lectura política
En ese marco, un discurso ante 350 líderes globales en la OEA, defendiendo el RIGI y posicionando a Argentina como hub de energía e inteligencia artificial, tiene una doble lectura. Es la voz del presidente de la empresa renovable más grande del país. Y también es la carta de presentación de un empresario que quiere que los mercados — y los votantes — lo vean como alguien que entiende los dos mundos.
El desafío que nadie quiso decir en voz alta
Brito cerró su exposición con una frase que resume bien la tensión de fondo: «La Argentina tiene la oportunidad histórica de pasar de ser un exportador de recursos a convertirse en un productor de energía y de industrias asociadas con proyección internacional.» Es una distinción crítica. Exportar recursos — gas, petróleo, energía — genera divisas pero poco valor agregado local. Convertirse en sede de data centers, industrias electrointensivas o manufactura tecnológica requiere algo más que recursos baratos: requiere infraestructura de transmisión, capital humano, seguridad jurídica y estabilidad macroeconómica sostenida

