Alfredo Bernardi: “Messi y Scaloni construyeron un liderazgo positivo en una época que necesita ejemplos”

Alfredo Bernardi analiza el liderazgo de Messi y Scaloni
Compartí esta nota

Tiempo de lectura: 3 minutos Entrevista. En esta ocasión abordamos el tema del liderazgo positivo.

El periodista e historiador Alfredo Bernardi analiza el fenómeno Messi-Scaloni, el negocio detrás del Mundial 2026 y el valor social de los clubes de barrio como espacios de integración, encuentro y construcción de ciudadanía. En diálogo con Tercer Tiempo, traza un paralelo entre el club de barrio y la escuela pública como dos instituciones que ayudaron a construir identidad, igualdad de oportunidades y comunidad en la Argentina.

Una conversación sobre deporte, historia, liderazgo, identidad y sociedad, en un Mundial que vuelve a poner en escena tanto la emoción popular como la dimensión económica y ambiental del fútbol global.

Leer también:

Resumen

  • Para Bernardi, Messi y Scaloni representan una forma de liderazgo positivo basada en el respeto, la confianza y la construcción colectiva.
  • El historiador también analiza la mercantilización del Mundial, el impacto ambiental del torneo y el rol de los clubes de barrio como espacios fundamentales para la formación de nuevas generaciones.

Messi, Scaloni y los liderazgos positivos

— TT En el marco de este Mundial, planteaste una idea muy fuerte: Messi y Scaloni como dos liderazgos positivos. ¿Por qué?

—AB Lo que vimos con Messi y con Scaloni es la construcción de un liderazgo positivo, un liderazgo de época. Messi construye alrededor de sus pares sin sobresalir desde la imposición. Él sabe que es distinto, pero hace sentir a todos que son iguales dentro del terreno. Y del otro lado está Scaloni, que construye el equipo, que lo gerencia, que sostiene una línea de respeto con todo el grupo.

Para Bernardi, la clave está en que no hay individualidades por encima del objetivo común. El proceso se sostiene porque existen premisas básicas compartidas: respeto, equipo y continuidad.

El respeto como forma de conducir

—TT ¿Qué diferencia a este liderazgo de otros momentos de la Selección?

—AB Son procesos diferentes. Messi lidera desde el respeto al otro. Es un tipo que vive en su mundo, pero lidera desde ese lugar. No necesita imponerse. Hace sentir que todos son parte. Y Scaloni acompaña esa construcción desde afuera, con un equipo técnico que sigue la misma línea.

La reflexión de Bernardi dialoga con una idea que Tercer Tiempo desarrolló recientemente al analizar el liderazgo de Lionel Scaloni: la construcción de confianza, el respeto por los procesos y la capacidad de generar equipos donde nadie está por encima del objetivo común.

El argentino que Messi representa

—TT También hablaste de Messi como una forma de reencontrarnos con cierta identidad argentina. ¿A qué te referís?

—Messi te hace sentir el argentino que todos queremos ser. El que disfruta del éxito de una manera sana, el que festeja abrazado en una tribuna, el que se reencuentra con sus raíces. Él siempre quiso jugar para Argentina. Pudo haber jugado para España, pero siempre quiso jugar acá. Y eso también explica el vínculo que genera.

Bernardi recuerda que Messi se fue del país a los 13 años, en un contexto difícil, pero nunca dejó de pensar en Rosario ni en la Selección. Esa combinación entre talento global y pertenencia local es, para el historiador, parte de lo que vuelve tan potente su figura.

Un Mundial cada vez más negocio

—TT Este Mundial también expone otra cara del fútbol: el negocio. ¿Cómo lo ves?

—El Mundial, como los Juegos Olímpicos, es un proceso de cuatro años. La FIFA maneja una facturación enorme. Cerca del 45% viene de ingresos televisivos, un 34% de venta de entradas, alrededor de un 20% de marketing y después aparece el merchandising. Es una máquina global de facturar.

Bernardi marca que la FIFA tiene más países afiliados que la ONU y que el Mundial funciona como un fenómeno ecuménico, con una audiencia estimada de miles de millones de personas. En ese contexto, la competencia deja de ser solamente un torneo deportivo y se convierte en una plataforma global de comunicación, consumo y negocios.

Mientras el Mundial 2026 avanza hacia convertirse en el torneo más grande de la historia, Tercer Tiempo ya había analizado cómo el aumento de partidos, traslados y costos está transformando la competencia en un fenómeno cada vez más complejo desde el punto de vista económico, ambiental y social.

El costo ambiental del espectáculo

—TT También aparece el debate ambiental. Tres países, 48 selecciones, 104 partidos y enormes distancias entre sedes. ¿Qué implica eso?

—AB El impacto ambiental tiene que ser muy grande. No tengo los números medidos, pero solamente pensar en la cantidad de vuelos entre Canadá, Estados Unidos y México ya muestra una dimensión enorme. Hay una logística gigantesca, estadios enormes, miles de personas moviéndose de una punta a la otra.

Durante la conversación, el dato aparece con fuerza: el Mundial 2026 podría generar más de 9 millones de toneladas de dióxido de carbono durante el evento, con los vuelos entre sedes como uno de los principales factores de impacto. La expansión del torneo a 104 partidos y 48 selecciones abre una pregunta que atraviesa al deporte contemporáneo: cuánto puede crecer un espectáculo global sin revisar su huella ambiental.

Del potrero al Mundial

—TT Cuando se habla de Messi también aparece la idea del potrero, del club, de ese lugar donde empieza todo. ¿Qué valor tiene hoy?

—Los clubes de barrio son esenciales. Todo esto que vemos es producto de los clubes de barrio. El chico que juega al fútbol, al básquet, al tenis, empieza ahí. Hay una construcción que es muy argentina y también muy uruguaya: el juego de barrio, la pertenencia, el lugar donde se genera una ilusión.

Para Bernardi, el club de barrio no sólo forma deportistas. También contiene, educa, integra y genera comunidad. En los barrios populares, muchas veces es el espacio que ofrece un plato de comida, una red de cuidado, una amistad y una primera experiencia de igualdad.

El club como escuela pública

—TT ¿Por qué defendés tanto el rol del club de barrio?

—AB Porque contiene. Porque a lo mejor le da un vaso de leche al pibe que no tiene para tomarlo. Porque desde el lugar más chiquito se genera una ilusión. Porque ayudás a un chico a hacer deporte, y eso termina siendo sano. Yo soy un defensor del club de barrio en los barrios más populares.

Cuando la conversación parecía concentrarse en Messi, Scaloni o el negocio detrás del Mundial, Bernardi volvió sobre una institución que considera fundamental para entender buena parte de la identidad argentina: el club de barrio. Allí se aprende convivencia, pertenencia, respeto y trabajo colectivo. Allí también nacen muchos de los jugadores que después llegan a los grandes escenarios internacionales.

“El club de barrio es una especie de escuela pública. Es donde se mezclan todos”, resume Bernardi.

La frase funciona como cierre de una conversación que empezó en Messi y Scaloni, pasó por el negocio global del Mundial y terminó en una idea más profunda: detrás de cada liderazgo que emociona, también hay una trama social que lo hizo posible.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio