Celulares en el aula: la Ciudad los prohíbe y vuelve el debate

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El gobierno porteño prohibió el uso de celulares en las clases del nivel secundario, incluso para docentes. La medida refuerza la restricción que ya existía desde 2024 y vuelve a poner en discusión un problema que atraviesa a la educación en todo el mundo: la distracción digital.

Tiempo de lectura: 4 min

La Ciudad de Buenos Aires decidió endurecer las reglas sobre el uso de celulares en las escuelas secundarias. La nueva resolución establece que los teléfonos no podrán utilizarse durante las clases y que cualquier actividad pedagógica digital deberá realizarse exclusivamente con dispositivos provistos por la institución.

La norma alcanza tanto a estudiantes como a docentes. Según la regulación, los profesores solo podrán usar sus teléfonos dentro del establecimiento cuando no estén frente a alumnos en tareas de enseñanza.

Además, cada escuela podrá decidir si también restringe el uso de celulares durante los recreos.

Una preocupación que ya estaba planteada

El debate sobre los celulares en la escuela no es nuevo. Hace un año, Tercer Tiempo analizaba el fenómeno de la distracción digital en el aula, a partir de datos que mostraban hasta qué punto los teléfonos se habían convertido en un competidor directo de la atención escolar.

El diagnóstico ya era claro: el celular interrumpe la concentración, fragmenta el aprendizaje y desplaza el vínculo cara a cara dentro del aula.

En aquel análisis también aparecía una tensión que sigue vigente: si el camino debe ser prohibir los dispositivos o enseñar a convivir con ellos.

El diagnóstico oficial

El gobierno porteño sostiene que la decisión responde a un problema creciente. Según datos difundidos por el propio Ministerio de Educación, el 94% de los estudiantes de secundaria lleva su celular todos los días a la escuela.

Además, cinco de cada diez alumnos reconocen que quisieran dejar de usarlo más tiempo, pero no pueden. El uso predominante está asociado a redes sociales y entretenimiento, no a tareas escolares.

En la práctica, muchas instituciones ya habían empezado a aplicar restricciones. En varios colegios los estudiantes dejan sus teléfonos en cajas o lockers al ingresar al establecimiento.

Una discusión que divide

La medida volvió a activar un debate pedagógico que atraviesa a distintos sistemas educativos.

Quienes respaldan la prohibición sostienen que los celulares dificultan la concentración, alteran la dinámica de la clase y generan dependencia digital en edades tempranas.

Quienes cuestionan la decisión plantean otro argumento: prohibir no educa. Según esta mirada, el desafío real es enseñar a usar la tecnología de manera crítica y responsable.

En ese punto aparece una pregunta central para el sistema educativo: cómo formar a estudiantes que viven en un ecosistema digital permanente sin que la escuela pierda su capacidad de sostener la atención y el aprendizaje.

Un problema que excede a la escuela

Especialistas en educación advierten que el desafío no se limita al aula. Los teléfonos actuales concentran múltiples funciones —redes sociales, entretenimiento, cámaras, inteligencia artificial— diseñadas para captar atención durante largos períodos.

Hace tres décadas el debate sobre celulares en la escuela era marginal. Hoy se discute en casi todos los sistemas educativos del mundo.

La decisión de la Ciudad de Buenos Aires se inscribe en ese contexto. Pero la discusión más profunda sigue abierta: si limitar el uso en clase alcanza para enfrentar una cultura digital que atraviesa toda la vida cotidiana de los estudiantes.

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