El acuerdo entre el Mercosur y Europa volvió al centro del debate internacional. Para Argentina, el tratado abre una oportunidad energética concreta. Al mismo tiempo, expone una debilidad estructural: recursos sobran, pero faltan condiciones para aprovecharlos.
Resumen
- Europa no compra solo energía. Compra previsibilidad, reglas claras y trazabilidad.
- Sin orden interno, el acuerdo puede quedar en un título atractivo y poco más.
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Por qué el acuerdo tardó más de 20 años
Las negociaciones comenzaron en 1999 y se estancaron durante décadas. El principal freno fue político. Países europeos, como Francia e Irlanda, resistieron la apertura agrícola. El Mercosur, en cambio, cuestionó la asimetría industrial.
En los últimos años se sumó un factor decisivo: la agenda ambiental. Europa endureció sus exigencias sobre deforestación, agroquímicos y huella de carbono. Cada nuevo estándar implicó reabrir capítulos ya cerrados.
Europa cambió sus prioridades
La guerra en Ucrania modificó el tablero. Europa pasó de buscar precios bajos a priorizar seguridad energética. El gas, los minerales críticos y la transición verde se volvieron estratégicos.
En ese contexto, América del Sur reapareció en el radar. No como socio comercial tradicional, sino como proveedor confiable.
Argentina tiene recursos, pero no sistema
Vaca Muerta, el GNL, el litio y las renovables colocan a Argentina en una posición atractiva. El problema no es la geología. Es la falta de infraestructura, estabilidad regulatoria y planificación de largo plazo.
Europa firma acuerdos pensando en décadas. Argentina sigue discutiendo reglas cada pocos meses.
Sustentabilidad como condición
La sustentabilidad dejó de ser un discurso. Hoy es una condición de acceso al mercado europeo. Sin trazabilidad y datos verificables, no hay exportación posible.
El acuerdo existe. La duda es si Argentina llega a tiempo.

