Inicio / Sustentabilidad / Empresas
Un estudio de ONU y Accenture muestra que la sostenibilidad pasó del discurso a la operación. Pero la brecha entre intención y acción sigue abierta.
La sostenibilidad en el Negocio
La sostenibilidad dejó de ser una promesa de largo plazo. Según un nuevo estudio de Naciones Unidas y Accenture, el 86% de los CEOs a nivel global afirma que hoy la sostenibilidad está integrada en las operaciones centrales de sus empresas.
El dato no es menor y dialoga con un contexto global atravesado por tensiones geopolíticas, escasez de recursos y una disputa creciente por insumos estratégicos, como ya analizó Tercer Tiempo en esta nota sobre tierras raras y minerales críticos.
El informe marca un cambio de fase: del compromiso simbólico a la incorporación real en estrategia, procesos y toma de decisiones. Sin embargo, también expone tensiones crecientes entre el corto plazo financiero y los objetivos ambientales y sociales.
“Las expectativas de clientes, inversores y reguladores están obligando a las empresas a integrar la sostenibilidad en el corazón del negocio”, explicó Belén Arce, líder de sostenibilidad en Accenture.
El estudio identifica tres fuerzas clave que están redefiniendo el rol de la sostenibilidad: tecnología, geopolítica y presión de los ecosistemas empresariales.
En materia tecnológica, herramientas de trazabilidad, contabilidad de carbono y monitoreo digital avanzan, aunque solo el 27% de los CEOs las considera hoy prioridad central.
La geopolítica también impacta. Conflictos, inflación y restricciones de capital retrasan inversiones de largo plazo, especialmente en cadenas de suministro responsables, un fenómeno que Tercer Tiempo viene siguiendo en su cobertura sobre sustentabilidad y empresas.
Aun así, el 99% de los CEOs asegura que mantendrá o ampliará sus compromisos climáticos, incluso en escenarios de alta volatilidad.
El mensaje es claro: retrasar la transformación sostenible tiene un costo creciente. Según proyecciones citadas en el informe, un escenario de inacción podría generar pérdidas económicas cinco veces superiores a la inversión necesaria para limitar el calentamiento global.

