Inicio / Destacada / Venezuela
Tiempo de lectura: 6 min
La pobreza ya roza el 86% y la escuela pública se cae a pedazos: docentes que ganan menos de US$ 15 al mes, aulas improvisadas al aire libre y chicos que van sin comer. Con Venezuela otra vez en el centro del tablero global, la pregunta es brutal: ¿qué queda cuando el Estado deja de enseñar?
Leé también en TT: por qué Venezuela volvió a la agenda global
Resumen
- En 2024, estudios independientes ubican la pobreza en torno al 86%, con un impacto directo en alimentación, salud y educación.
- El colapso escolar no es metáfora: faltan docentes, infraestructura y hasta agua. Y el costo lo pagan los chicos.
Venezuela tiene petróleo, gas y minerales como para financiar generaciones enteras. Pero la postal de 2026 arranca con una contradicción insoportable: un país con recursos gigantes y un Estado incapaz de garantizar lo mínimo. La pobreza, según mediciones independientes, se ubicó alrededor del 86% en 2024, con un golpe directo sobre el alimento, el empleo y la escuela. Así lo midió el Observatorio Venezolano de Finanzas (OVF), mientras ENCOVI volvió a mostrar que, incluso cuando baja la pobreza monetaria, la educación y la salud siguen “atascadas” en déficit estructural.
En ese escenario, la educación dejó de ser un derecho garantizado y pasó a ser un privilegio intermitente. Hay escuelas que abren dos o tres días por semana. Hay aulas que ya no son aulas. Y hay docentes que, para sobrevivir, venden comida, hacen changas o pescan. El retrato aparece con crudeza en un reportaje de El País (basado en The New Humanitarian): clases bajo un árbol en Maracaibo, pizarras rotas, sillas de plástico y chicos con el uniforme impecable en un país que ya no puede sostener su sistema escolar.
Docentes pobres, escuelas vacías
El corazón del problema es simple: sin salarios, no hay escuela. El salario mínimo está congelado desde 2022 y el ingreso docente promedio se ubica en niveles que no cubren ni el transporte. El resultado es un éxodo interno de maestros y un “horario mosaico” que admite, de hecho, que un profesor no puede vivir de enseñar. En paralelo, organizaciones locales registraron una deserción docente que ronda el 72%, una cifra que vuelve imposible sostener calidad, continuidad y especialización. “La educación es el principal problema estructural del país”, advierte Fernando Pereira, de Cecodap, citado en ese mismo reportaje. Fuente.
Para describir la radiografía de la población venezolana es: escuelas sin agua, sin luz, con techos que no aguantan una lluvia. Es hambre: chicos que se desconcentran porque no comieron. Es desigualdad: una brecha cada vez más grande entre el 15% que puede pagar educación privada y la mayoría que depende del sistema público. Y es futuro: una generación que aprende menos, abandona más y llega tarde al mundo del trabajo.
Cuando la escuela también se queda sin comida
La pobreza entra al aula de la manera más directa: por el estómago. Históricamente, la escuela pública garantizaba comidas para sostener el aprendizaje. Hoy, eso no es regla. Informes citados por medios venezolanos y plataformas humanitarias estiman que una mayoría de chicos no recibe alimentación escolar de forma regular. HumVenezuela señaló que en 2024 una porción muy alta de niños y adolescentes no recibió alimentos en la escuela, un dato que explica por qué el aula se convirtió en un espacio de aguante más que de aprendizaje.
Venezuela volvió a la agenda global, pero la urgencia es doméstica
En las últimas horas, Venezuela volvió al centro del escenario internacional por la escalada con Estados Unidos y la situación política interna, con reportes periodísticos sobre la detención de Nicolás Maduro y el impacto inmediato en la región. El País siguió el minuto a minuto. En ese clima, abundan las promesas de “cambio” y los anuncios geopolíticos. Pero la pregunta de fondo es otra: ¿qué plan existe para reconstruir la vida cotidiana?
Porque cuando un país no enseña, lo que se rompe no es un ciclo lectivo: se rompe el contrato social. Y la reconstrucción no se resuelve con un giro diplomático, sino con salarios, agua, comida y aulas. Lo demás es relato.
La diáspora y el costo de una década perdida
La crisis venezolana también se mide en personas que se fueron. ACNUR viene advirtiendo que la migración venezolana es una de las más grandes del planeta, con millones de desplazados buscando protección y estabilidad. Datos de ACNUR. Ese éxodo se lleva familias, docentes, profesionales y estudiantes. Y deja un agujero que no se llena rápido, incluso si cambian los gobiernos.
La libertad de prensa también muestra la profundidad del deterioro institucional. En su clasificación global, Reporteros Sin Fronteras ubicó a Venezuela en el puesto 160 de 180. RSF. Sin información libre, la educación cae dos veces: por falta de recursos y por falta de verdad.

