Hambre en la infancia: la deuda estructural que ningún gobierno resuelve

El Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA reveló que el 48,9% de las niñas, niños y adolescentes en el país sufre inseguridad alimentaria, una cifra que escala al 62,9% en hogares monoparentales y llega al 66,1% en sectores socioeconómicos bajos. Aunque la Asignación Universal por Hijo y la Tarjeta Alimentar contienen, no resuelven el problema. La investigadora Ianina Tuñón advierte que se trata de una vulnerabilidad estructural de largo plazo que los gobiernos no abordan con políticas integrales.

Hambre que no espera: los números que duelen
Según el nuevo informe del Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA) de la Universidad Católica Argentina, en 2024 el 48,9% de la infancia en el país vivió inseguridad alimentaria. Es decir, no tuvo acceso regular y seguro a una alimentación suficiente.
En hogares monoparentales —en su mayoría a cargo de mujeres—, el drama se profundiza: 6 de cada 10 niños (62,9%) sufren algún grado de hambre o alimentación insuficiente. En los sectores socioeconómicos más bajos, la cifra se eleva al 66,1%.
“Hay hambre en la infancia y no es nuevo”
La coordinadora del informe, Ianina Tuñón, fue contundente:
“Estamos hablando de un problema estructural, no de una situación coyuntural. Lo que falla no es sólo el ingreso, sino un sistema de protección que se agota en lo asistencial.”
Tuñón señala que desde 2010, cuando se comenzó a medir este indicador, la inseguridad alimentaria grave afecta a entre el 10% y el 20% de la infancia argentina. “Eso se traduce en chicos que pasan hambre todos los días”, advierte.
Políticas sociales: necesarias pero insuficientes
Aunque medidas como la Asignación Universal por Hijo (AUH) y la Tarjeta Alimentar, ambas bajo la órbita del Ministerio de Capital Humano, cumplen un rol relevante, no logran revertir la inseguridad alimentaria infantil de manera sostenida.
“Las políticas de transferencia monetaria no logran asegurar una nutrición adecuada. Son necesarias, pero no suficientes. No pueden reemplazar a una política alimentaria integral”, remarcó Tuñón.
¿Cómo se mide el hambre?
La inseguridad alimentaria se clasifica en tres niveles:
- Moderada: falta frecuente de alimentos adecuados.
- Grave: niños que directamente no comieron por falta de recursos.
- Total: suma de ambas.
En 2024, los datos indican:
- Inseguridad alimentaria total en NNyA: 48,9%
- Grave: 17,1%
- En hogares monoparentales: 62,9%
- En sectores bajos marginales: 66,1%
Hambre estructural y pobreza multidimensional
Los hogares con mayor inseguridad alimentaria son también los más golpeados por la pobreza estructural: desempleo, informalidad, déficit habitacional y bajo acceso a salud o educación.
En este contexto, la inseguridad alimentaria infantil se convierte en un eslabón más de una cadena que perpetúa la desigualdad.
La UCA ya había advertido en 2024 que la pobreza alcanzó el 50%, el registro más alto en dos décadas. Lo hizo en un informe que podés leer completo en esta nota de Tercer Tiempo:
➡️ La pobreza alcanzó el 50% en Argentina: el dato más alto en 20 años
“No se puede hablar de libertad cuando hay hambre. No se puede hablar de mérito si un niño no puede comer ni aprender”, concluyó Tuñón durante la presentación del informe 2025.